Garófalo, Cristian
Caminaba apurado, como si alguien lo estuviera corriendo. Y en realidad, lo corría el reloj. Había estado toda la mañana tratando de conseguir uno de esos osos de peluche gigantes, a veces más grandes que los compradores mismos. Con angustia y una bronca contenida recorrió todos y cada uno de los locales de la Avenida Santa Fe y calles aledañas. Sabía perfectamente que además...