Logambino, Cristian
Y se reunieron, entonces, los Dioses del quinto cielo a definir las plegarias de los súbditos. Entre copas y risas alguien sugirió: “¡Definamos y acabemos con la risa del que miente!”. Siete versos sin sentido, hasta que el octavo acabó con las risas y volcó insulso el sabor del licor: Será, así, un mundo de verdades inobjetables, con calamidades que multiplican...