Yudchak, Héctor
Desde niño tuvo cierta inclinación por la violencia. Como aquella vez que diseccionó una rana que encontró en el jardín de su casa enfrente de sus tías abuelas, a la elegante hora del té. “Qué ocurrente” fue lo único que se le ocurrió decir a su padre, mientras lo arrastraba de la oreja derecha hacia el fondo de la casa, donde le daría una larga y aburrida lección de...