Peña, María Cristina
Entramos al cafecito de siempre, nos sentamos a la mesa de siempre y nos atendió el mozo de siempre. Pediste el cortado mitad y mitad con sacarina y yo un café. Íbamos dos veces a la semana, como dos muchachos y no padre e hija. Nos dispusimos a mirar pasar la vida por el ventanal que daba a la avenida. Comenté que había leído un artículo en el que la novedad era que...