Roland, María Enriqueta
Se la veía muy seria, pero con aires de mujer que se las sabe todas.
Era una mina con oficio y experiencia.
Él, justo lo que ella esperaba. Un pobre muchachito sin mucha calle.
Fue tejiendo, como araña ante su presa, todos los ingredientes para volverlo loco.
Sus caderas se veían netas, insinuantes bajo el vestido de satén negro.
Un gran escote que dejaba ver mucho de...