Frini, Daniel
Che, qué bueno poder festejar el cumpleaños de la Patria de esta manera, aunque esté tan lejos. Me imagino que allá deben estar todos más que contentos, que hasta el más pelandrún debe tener una bandera en su casa ¡Y el obelisco! ¡Qué lindo debe estar hoy! Y la Plaza, y el Cabildo… Allá en la escuela los chicos deben estar con frío, a pesar del chocolate caliente; y sin entender qué se festeja. Pero yo sí se que celebramos. No te lo puedo expresar con palabras, pero por ahí andan metidos mis abuelos y los tuyos; y el mate amargo, calentito, bien temprano, mientras sale el sol, con medialunas de manteca recién hechas; y la vieja Rosa, en pantuflas, barriendo las hojas de la vereda y quemándolas en un montoncito; y don Armando que vuelve de comprar el diario, y el río sucio, y los tilos de la plaza de la otra cuadra de mi casa, y el Matador en el setenta y ocho; y, ¿porqué no?, esta trinchera sucia y congelada donde nos morimos helados, pero de la que vamos a salir pronto, apenas le ganemos la guerra a los ingleses.
