Autobiografía
Nací en Marcos Paz, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, cuando eso era campo. Tenía como particularidad ser una persona bastante soñadora. Ya se juntaba lo poético y lo científico en mí: me emocionaban ciertas cosas pero a la vez quería saber por qué sucedían, cómo era que pasaban. En mi casa había un jardín, con esas flores que se abren a la mañana y se cierran a la noche, y yo pensaba qué juego microscópico de poleas y de aparejos había para que los pétalos se abrieran con la luz y se cerraran con la oscuridad. Y ese tipo de curiosidad me siguió siempre; tenía la misma pasión por la física, la matemática o la química, que por la literatura. Era un buen estudiante; me decían que era traga, pero yo estudiaba por curiosidad, no para sacarme buenas notas. Estudié música (empecé a los ocho y estudié durante diez años) con mucho esfuerzo y ganas pero con nada de talento. Cuando me di cuenta de que había llegado a cierto nivel técnico que era incapaz de improvisar nada (es más, si se me olvidaba una nota no podía seguir), me dije que eso no era para mí. Fue la época en que empecé a escribir poesía, y después comencé a estudiar. Vengo de familia de inmigrantes de clase media, donde el futuro económico era una cosa muy importante. Cuando dije que quería ser pianista mi padre me dijo que no; cuando le dije que quería ser químico me dijo que podía ser, pero cuando le dije que quería ser químico de investigación me dijo que no; y así fue como empecé la carrera de Ingeniería. Hice la carrera con placer. Me mudé a Buenos Aires, viví en una pensión en Congreso durante seis años, con toda gente del interior; fue una de las épocas más divertidas y más lindas de la vida. Ya ahí escribía. Después, me recibí, alquilé un departamento, me casé y luego ya empecé con la literatura, aunque ya antes había concurrido al taller de Liliana Hecker. Trabajaba como docente en la facultad (estuve diecisiete años como profesor adjunto interino en la UBA), mientras mandaba cuentos a concursos y nunca pasaba nada. Hasta que pasó con la micro-ficción; después de que saqué el segundo puesto del premio Fortavat, me empezaron a premiar todos. Yo creo que necesitaban un puntapié inicial. Como me empezó a ir bien con la literatura, necesitaba tiempo, entonces renuncié a la cátedra de la facultad y le di más importancia a la escritura.
