García, Liliana
“Lo besé y al momento sentí que sus labios sabían a gloria, a menta fresca, a miel de estío. Acariciándolo hasta perder el tacto sobre su cuerpo tembloroso, le ofrecí el mío en un arrebato de pasión, allí donde el horizonte se cruza con el infinito acaparando un instante mágico.”
Cuando cerró el libro, aún entre suspiros, se dio cuenta de que ahora, la soledad le dolía más que nunca.

La literatura ilumina la realidad, y, a veces, esta luz también muestra las sombras. Un microrrelato poético y profundo.
Los libros nos hacen vivir muchas vidas, y disfrutar de otras tantas, pero cuando perdemos el sentido de la realidad, esta nos sacude para que no la olvidemos.
Excelente cuento.
La literatura es humanidad contándose, por eso, es un buen espejo que nos ayuda a re-conocernos.
impecable.
No dejás de sorprenderme!! Fluyen en tí las palabras como rocío en las tempranas mañanas. Felicidades again!!!!!
Lorenzo, Patricia, Ana y Álvaro, les agradezco muchísimo sus comentarios, ellos hacen que escribir sea un privilegio.
Un abrazo.