García, Liliana
Abro la puerta, obra en mí la sorpresa del descubrimiento: atrás de una sarta de chorizos que había dejado colgada en la cocina, un ratón se hace notar a pura pirueta, pero eso no es todo, no señor, una rata gris, loca de atar, lo acompaña de salto en salto mordisqueando su presa inerte. Lo que no saben los intrusos es que el azar no es parte de la idiosincrasia de su raza, así que cuando él aparta el último chorizo de la ristra, tiene la mala suerte de que se caiga al suelo, y su compañera, ni lerda ni perezosa, lo atrapa y huye encantada de la vida. En su carrera, el animal patina sobre una lámina de aceite que adorna coquetamente la mesada. Río a carcajadas al oír sus chillidos. Después de todo resultó gracioso.

Un cuento ingenioso que evoca en el lector las legendarias series de dibujos animados que vio en su infancia. Y lector, convertido por unos segundos en niño, ríe con el ingenio del narrador.
Es complicado “armar” un texto coherente, simpático y gracioso como este con tantas palabras bifrontes. Sin embargo, a este no le falta ninguna de esas cualidades.
Me encantó
Lorenzo, Patricia, gracias por sus alentadores comentarios.
Abrazos