Pablo De Santis

Fragmento de la entrevista realizada para el archivo de la Audiovideoteca de Buenos Aires, en el año 2005, al escritor argentino Pablo De Santis donde recorre su historia como escritor, el proceso creativo de su escritura y sus lecturas.

Dirección: Alejandra Correa y Karina Wroblewski.

Los inmortales

De Santis, Pablo

En el piso quince del edificio Amianto, en la esquina porteña de Avenida Corrientes y Pasteur, tiene su consultorio el doctor Narbondo, especialista en problemas de la vejez.

El conocido médico se dedica a contrarrestar los efectos dañinos del tiempo reemplazando los órganos naturales de sus pacientes por piezas mecánicas que pueden durar años, siglos tal vez. Sus pacientes se convierten entonces en inmortales: su apariencia es la de unos mueblecitos de color indefinido, con un pequeño cubo arriba y una rejilla. En su interior está el cerebro, el único órgano humano que no se ha logrado reemplazar. “El inmortal es un inmobiliario”, proclama el doctor Narbondo.

Aunque no pueden hablar, los inmortales emiten ciertos ruidos con los que intentan comunicar ideas, y que son absolutamente ininteligibles. Tampoco necesitan beber ni comer ni respirar. Su mantenimiento es puramente mecánico.

Antes de someterse a esta complicada operación el paciente debe dejar todos sus bienes a nombre del médico. El dinero- una vez descontados los honorarios y los gastos- será utilizado en el mantenimiento del mueble, mientras dure el mundo.

IT

De Santis, Pablo

En las cloacas profundas de la ciudad de Derry vive un ser que ha llegado hace miles de años del espacio. Se parece a una araña gigantesca y, aunque no se mueve de allí, puede materializar sus pensamientos en cualquier punto de la ciudad. IT es algo parecido al mal puro.

Su juego favorito son las bromas macabras. También actúa a través de la maldad que existe en la ciudad, a través de los prejuicios raciales y de los odios. Hay zonas peligrosas en las que IT suele cazar con facilidad: el río, las alcantarillas, las cañerías. IT puede tomar muchas formas, pero tiene una favorita: la del payaso Ronald Mac Donald.

Freddy Krueger

De Santis, Pablo

Freddy es un asesino que camina por los sueños ajenos. Habita las pesadillas de los adolescentes que viven en la calle Elm. Si Freddy puede asesinar a través de estas pesadillas, no es porque convierta los sueños en realidad, sino porque la realidad es sólo un sueño más, apenas un poco más complicado que los otros.

Freddy ahora es un fantasma confinado a ese sótano abarrotado de objetos estrafalarios que son nuestros sueños; pero en vida fue un asesino de niños. Usaba para sus crímenes unos guantes de cuero a los que agregó largas uñas de acero, afiladas como bisturís. Los padres de los niños del barrio donde vivía lo encerraron y lo quemaron vivo. Por eso Freddy regresa con la cara desfigurada para vengarse de quienes lo mataron, asesinando a sus hijos, ahora adolescentes.

La única manera de no caer en sus garrar es permanecer despierto pero eso es imposible. Tarde o temprano los párpados se cierran y entonces aparece esta figura de camisa rayada y estrafalario sombrero para anunciar, una vez más, que el sueño es hermano de la muerte.

Museo de Ciencias Naturales

De Santis, Pablo


Rey Secreto.
Editorial Colihue.

En una entrevista privada que mantuve con el Director del Museo de Ciencias Naturales le manifesté mi preocupación por el deplorable estado de algunas salas, en particular la de animales embalsamados. Le dije, además, que la visión de aquellos animales que simulaban estar vivos, con la boca abierta, algunos apolillados, otros sin ojos o sin cabeza, inspiraba pesadillas antes que amor al conocimiento y a la naturaleza.

– Usted no entiende nada de nada- me dijo entonces el Director, mientras me mostraba un papel amarillento. Leí, en el borde superior: Circular secreta 3.128 del Ministerio de Educación-. Ahí, como ve, mi querido amigo, aquí dice con toda claridad que la sagrada misión de los museos no es otra que la de llenar de horror el corazón de los niños.

De Santis, Pablo

Pablo De Santis
Pablo De Santis

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi el miércoles 7 de marzo de 2007.

Mano a mano

1. Antes escribía sólo en cuadernos Gloria, ahora en cualquiera. Cuando no existían las computadoras uno iba pensando y armando las cosas antes de sentarse a escribir; ahora eso casi no se hace, no hay necesidad, uno va pensando mientras escribe. Igual, yo sigo escribiendo a mano, hago un esquema previo, y así más o menos sé a donde voy. Hay cambios, pero sé a donde va a terminar.

Grandes y chicos

2. Para mí no hay mucha diferencia entre los cuentos de adultos y los infantiles, no los pienso tan distintos en cuento al lenguaje y al idioma. Si en cuanto al mundo imaginario. Me parece que hay una especia de forma libro infantil, prescindiendo de los chicos. Si uno toma Peter Pan, El mago de Oz, Alicia en el país de las maravillas, me parece que es un género marcado por elementos muy imaginativos y una especie de falta de represión en la escritura. Es una escritura absolutamente libre que lleva a que a veces en esos libros haya cosas realmente inquietantes. Cuando uno escribe para chicos, en general sucede eso; se empieza a escribir algo que es a veces más extraño que lo que uno escribe para adultos, ya metido dentro de tradiciones, dentro de gustos literarios. Cuando escribo para chicos, siento que no sé para donde voy.

María Elena Walsh

3. De chico me leían bastantes cuentos. Soy de una generación en la cual María Elena Walsh tenía una influencia absoluta. Ya se consideraba la literatura infantil como algo con presencia propia.

Literatura en la escuela

4. Antes lo que hacía estragos en las escuelas era la idea de la “historia de la literatura”. La literatura no existía, sino que existían los movimientos y se olvidaba que había algo real dentro de todo eso. Todas esas cosas son como invenciones, cosas abstractas. Lo único real son los textos.

Cuentos cortos de lectura difícil

5. A veces no sé hasta qué punto los cuentos cortos son de lectura fácil, porque presuponen una experiencia de lectura. En muchas ocasiones dan por sentado elementos de un género, como si le exigiera al lector algún tipo de experiencia previa. En general, tienen principio, medio y fin, pero muchas veces ni siquiera tienen un principio porque ya se sabe un poco cómo empieza. Lo que importa es sobre todo el final; el cuento corto tiene un final que toma todo, es todo final.

El graffiti

6. Me preocupa esta idea del graffiti en los programas de educación, de que todo vale en la cultura. Un cuento de Borges, el graffiti, todo es más o menos lo mismo porque está mal poner algún tipo de jerarquía, es “antidemocrático”. Pero no es lo mismo una gran novela que una nota periodística cualquiera. No es lo mismo.

Regalar un libro

7. A mis hijos más grandes siempre les regalaba libros de historieta, sobre todo cuando me iba de viaje les traía esos que acá no se conseguían. También les he regalado muchas veces libros de Juan Sasturain. Me gusta mucho, sobre todo, La lucha continúa. Otro autor que es interesante para los adolescentes es Paul Auster; son libros que tienen la profundidad pero también el entretenimiento.

El cuento como noticia

8. A mí me gustan mucho los libros de Thomas Bernard, hay una que se llama El imitador de voces. Son cuentos cortos, muchos disparatados, que a veces parecen casi noticias de diario. Con lo cual el cuento corto siempre tuvo algo de la noticia. Por ejemplo, Infernaliana, un libro de Charles Nodier, uno de los primeros libros de cuentos cortos, eran una colección de noticias sobre fantasmas y vampiros. Pretendían ser una colección de noticias reales.

Leer entrevista completa.

El jinete hueco

De Santis, Pablo

Rey Secreto. Editorial Colihue.

Cuando era teniente del ejército patrio utilicé con frecuencia la estrategia de evitar un jinete al frente, para ver si estaba el enemigo. Como no quería que este peligroso ejercicio me hiciera perder hombres se me ocurrió reemplazar al jinete por un muñeco de trapo relleno con paja y sostenido con varillas de madera, al que dimos el nombre de Soldado Hueco.

En su primera misión, Hueco recibió algunos balazos. Como su presencia nos ayudó a salvar varias vidas, ordené que lo remendaran de inmediato para usarlo de nuevo.

Pronto nos acompañó en otras batallas, siempre en su puesto de vanguardia. Un gracioso prendió de su pecho una moneda a modo de medalla; no castigue la broma, porque creí que el muñeco bien se merecía algún honor. A la noche, en las charlas de los soldados alrededor del fuego, se hizo común oír el nombre del Sargento Hueco, a propósito de hazañas más o menos imaginarias.

Después de algunas heridas y una derrota que pesó más que las victorias anteriores, abandoné el ejercito y me dediqué al comercio de telas. Viajé por Holanda y por Italia para aprender las reglas del negocio, y regresé al cabo de años con telas baratas que vendí como si fueran las mejores.

En el tiempo que me dejaba el negocio, leía la historia de los años recientes; así me enteré de que Hueco fue nombrado General, que venció al enemigo en la batalla de Lema, que fue condecorado por esa victoria y que poco después cayó en una infame emboscada. Un testigo dice haber visto su cabeza en una pica; otro su cuerpo colgado. Sea como sea su cuerpo se perdió entre los escombros de la guerra. El escultor que debía hacer su estatua fúnebre todavía no ha conseguido una imagen del General Hueco, y el pedestal, con su nombre, instalado en un plaza, bajo un jacarandá, aún permanece vivo.

Pablo De Santis

Pablo De Santis
Pablo De Santis
Nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1963. Es licenciado en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Su primera novela, El palacio de la noche, apareció en 1987. Luego publicó Desde el ojo del pez, La sombra del dinosaurio, Rey Secreto, Pesadilla para hackers y Páginas mezcladas, entre otros libros, en su mayoría destinados a adolescentes. La traducción fue finalista del Premio Planeta en 1997.

Fue guionista y jefe de redacción de la revista Fierro. Las historietas que allí publicara junto con el dibujante Max Cachimba fueron reunidas en el volumen Rompecabezas. Ha publicado también libros de crítica sobre el cómic y muchas notas periodísticas. En televisión, fue el autor de los textos de la miniserie Bajamar y los programas El otro lado y El visitante. Sus novelas fueron traducidas a varios idiomas.