Clemente: El origen

Lamique, Mario

– El personaje de la tira va a hacer con los dedos el símbolo de la victoria y en el último cuadro con la otra mano le suma en medio una P, ¿qué te parece?-, dijo Caloi.
– Eso no va-, dijo Joaquín Morales Solá.
– Y en esta tira el personaje hace sombras chinescas, simulando una gran fiesta en las calles.
– Eso no va.
– En este cuadro, la mano izquierda se mueve como festejando y la derecha está fláccida, como muerta-, dijo Caloi.
– Eso no va.
– Bueno y ¿si le saco las manos?
– Está bien, puede ser, total este personaje no va a durar mucho-, dijo Joaquín Morales Solá, equivocándose otra vez…

Cruzada

Marinero, Beatrice

Se convocaron sin dar explicaciones. Así llegaron Rada, Fontova, Dolina, el “negro” Alvarez, Hugo Varela, Cacho Bonaventura hasta concluir que casi no existen humoristas blancos en este país. Invocaron al Negro Olmedo y coincidieron en que el más expuesto era Crist, el último negro historietista de la contratapa del diario. Por ella ya habían pasado Fontanarrosa y Caloi. Debían buscar la forma de proteger al cordobés. Hasta pensaron en los métodos del Ku-klux-Klan., pero sería absurdo. Decidieron que eran más eficaces los santitos locales: La Difunta Correa, el Gauchito Gil y… ni hablar de Ceferino Namuncurá. A ellos va ahora la cruzada de negros a quienes todos queremos seguir teniendo vivos.

Papelitos

Zárate, Omar Julio

El viento, aquél día, se levantó furioso. Sopló y sopló, nadie entendía demasiado lo que pasaba entonces. Fueron a preguntarle.
-Sr viento… ¿Por qué sopla usted tanto hoy?
Como no contestaba, insistieron
-Sr viento… ¿Cuál es la causa de vuestra furia?
-No es furia -dijo conteniendo una lágrima-. Sólo quiero llenar el cielo de papelitos en este día aciago. Clemente lo está pidiendo “¡Tiren, tiren papelitos, que ya está llegando Caloi al edén!”

Midón

Zárate, Omar Julio

No tuve el placer, no lo conocí. Sólo escuché su música, la de sus espectáculos; y ahora, cuando veo a mis nietos que tampoco lo conocieron ni podrían ya verlo, pero bailan y cantan al ritmo de Objetos Maravillosos, Locos Recuerdos o Cantando sobre la mesa, sé que Hugo sigue y seguirá siempre Vivito y coleando.

Sin título

Zoratti, Gabriel

Se llena el pico de agua y deja caerla sobre la cara y los ojos.
Durante el aseo rememora su sueño de madrugada; pinceles sucios, viñetas
como nubes, ángeles sin alas. Bruscamente el recuerdo se interrumpe, el agua esta fría y
las noticias desde la radio no son buenas.
Chichones asomándose desde el torso,en raudo se prolongan en brazos y manos, parece que algo anda mal, lo dijeron
en la radio.
Desgarrando el recuadro que habita, se arroja desde la contratapa,
aun puede verlo, ángeles sin alas lo escoltan, se está yendo, con las manos
recién nacidas intenta aferrársele, rasguña, cincha, se está yendo, como si se
borrase, parece que no podrá alcanzarlo.
Hoy a Clemente le crecen las manos, abatido se resigna y las usa para saludar.
Buen viaje, papa.

Ausencia

Marinero, Beatrice

-No, no juguemos más en el bosque porque Midón no está.
Lo busqué dando “La vuelta manzana” con “Pajaritos en la cabeza”, caminando por “Un mundo sin veredas”. Entonces di un “Grito pelado”, probando con “Graves y agudos“, soplando a través de mi “Huesito caracú”, y no hay caso. No lo encontré.
-Es que buscaste mal, mi amor, fijate allá en aquella nubecita. Lo verás como siempre, rodeado de todos sus amigos:”Locos de contento”, “Vivitos y coleando”.

¿Te acordás…?

Palacios, Osvaldo

Si viviste de chico en los años 60 o 70, ¿cómo hiciste para sobrevivir…? ¿Te acordás de las cosas peligrosas que tuvimos que pasar para llegar al siglo XXI? Si sigues “vivito” es porque eres sobrenatural o todopoderoso, piénsalo, es un verdadero milagro de la naturaleza. ¿Te acordás…? Tomábamos agua de la manguera o de la canilla del colegio, no de una botella de agua mineral, no usábamos cinturón de seguridad, ir en la parte de atrás de una camioneta era un viaje especial, y hoy lo recordamos. ¡Ah…! Andábamos en bicicleta y no usábamos casco… construíamos carritos con rulemanes, los echábamos a rodar, si la calle estaba empinada mejor, cuando chocamos varias veces aprendimos a hacer trompos, salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer, el colegio duraba hasta el mediodía y llegábamos a casa para almorzar, si nos lastimábamos, no había demandas, la culpa era de nosotros mismos, compartíamos una botella entre cuatro, tomábamos del “pico” y nadie se moría por eso, no teníamos Playstation, Nintendo, juegos de videos ni 99 canales de TV por cable, celulares, fax y menos Internet, solo teníamos AMIGOS, en bicicleta íbamos a la casa del vecino, y sino tocábamos el timbre, entrábamos sin golpear, allí estaba nuestro amigo y nos íbamos a jugar, si nos iba mal en la escuela, repetíamos, no nos mandaban al psicólogo ni teníamos dislexia, repetíamos y nos daban una segunda oportunidad, si en una fiesta (que era en una casa) te ponías en p…. tus amigos te dejaban en la puerta de tu casa, tocaban el timbre y salían c…. teníamos libertad, fracasos, éxitos y aprendimos a manejarlos, si la señorita citaba a uno de nuestros padres por una mala nota u otra observación, la culpa era totalmente nuestra, quién no se hizo “la rata” en el Rosedal, el Zoo o en cualquier placita cercana, quién no recibió un reto, de la vecina solterona, por haberle roto las plantas del jardín de un pelotazo. ¿Te acordás de…? Petete, los cigarrillos Clifton y Fontanares, del portafolios, del talco Telerín, el gordo y el flaco, Lassie, los sábados de Mancera, los Beatles, el Club del Clan, Vascolet, la Coca Sarli, 100 % natural, Paturuzito, la novia de Antonio Prieto, el Wincofón, Bidú Cola y Geniol, el Ford Falcon y el Renault, la Brillantina, la frase “Hay que pasar el invierno”, Pepto cocaína Gibson, el mejor digestivo, y muchas marcas más. ¿Vos sos uno de esa generación…? Los jóvenes de hoy dirían que éramos aburridos, pero “la pucha”, si que fuimos felices, y gracias a eso seguimos “vivitos y coleando”.

Escondido en la luz

Puga, Fernando Andrés

Lo busqué. Pregunté a familiares y amigos; a compañeros de trabajo. Puse su nombre en Facebook, en Twitter, tratando de dar con su paradero.
Nada.
Se fue lejos, dijeron algunos; no va a volver. Hubo hasta quien se atrevió a insinuar que había muerto.
Entré al camarín resignado y mientras me maquillaba frente al espejo, noté un brillo nuevo en el fondo de mis ojos; un reflejo esperanzador.
Subí al escenario y antes de dar comienzo a la función eché un vistazo hacia la platea.
—¿Con que ahí estás?— exclamo al ver la inocencia en la mirada expectante de los chicos.
—¡Claro! ¿Dónde si no?
—¿Cómo no se me ocurrió antes? ¿Y sabés una cosa, Hugo? Te veo bien.
—Por supuesto, mi amigo. Acá estoy: vivito y coleando.

Consejo

Lilix

-¿Qué hace ahí arriba Clemente?
-Miro pasar el tiempo…busco qué hacer ahora que estoy desocupado.
-Yo ya pase por eso, si quiere le doy un consejo.
-Lo escucho.
-Bueno, lo que usted siente ahora es soledad, la cura para eso es subirse a los recuerdos. Ellos van y vienen, a veces se ocultan, pero un aroma, un color o la nostalgia los regresa. Y cuando eso pasa uno vuelve a sentirse vivo…
-¿Y a dónde hay que subirlos? ¿Hay que sacar pasaje?
-Ellos llegan cuando cerramos los ojos, todo lo demás viene solo.
-Tomaré su consejo Mendieta.

“Vivitos y coleando”

Lilix

“Vivitos” y “Coleando”, dos delincuentes de poca monta. Terminaron con sus huesos en la inmunda alcantarilla donde se ocultaron después de fugarse de la cárcel. De poco cerebro y llenos de ambiciones mal sanas, creyeron encontrar entre las aguas podridas, su lugar. Las viciadas aguas los envenenaron, tomaron sus cuerpos y los debilitaron hasta dejarlos sin movilidad, las ratas hicieron el resto. La policía los encontró cuando solo eran restos descompuestos.
Una pregunta quedó flotando cuando todos se marchaban:
-¿Porque les habrán puesto ese apodo?