Leonardo Dolengiewich

Dolengiewich

– ¿Cómo descubrió la microficción?

Conocí la microficción en un taller literario al que empecé a ir a eso de los diecinueve años. El profesor del taller era Leandro Hidalgo, quien es escritor de microficciones y solía leernos algunas o nos proponía incursionar en la creación de minificciones.

A mí me llamó mucho la atención esta forma de creación narrativa. Entonces, comencé a leer textos de microficción en internet y a comprarme libros de textos del género y de teoría acerca del mismo.

Un libro que me marcó en ese sentido fue “La Sueñera”, de Ana María Shua. Ese libro me hizo volar mucho y muy alto. Y fue copiando algunas de las técnicas de las que Ana María se valió en el mismo como escribí lo que considero mis primeras microficciones dignas de ser consideradas como tales.

– ¿Qué es lo que más le atrae de este género?

Lo que más me atrae es la complicidad entre el escritor y el lector. Me gusta mucho, cuando leo, tener que trabajar para terminar de construir el sentido de los textos (que no es una característica exclusiva del género pero sí es absolutamente necesaria en toda microficción), como así también desafiar al lector a que lo haga cuando lee un texto mío.

También me atrae el hecho de que se ajusta perfectamente a la vorágine en la que vivimos, a los escasos fragmentos de tiempo de los que disponemos para leer, pero sin ser retrato del posmodernismo, sin representar pura imagen de alto impacto y bajo contenido. Muy por el contrario, la microficción es contenido condensado, de alto valor calórico, de sabor exquisito y digestión lenta.

– En su caso, ¿cómo suelen surgir las ideas para los minicuentos?

Generalmente, surgen de situaciones que vivo, de las que soy testigo o de las que me cuentan y ante las cuales me digo: qué bueno sería si esto terminara de tal manera. Creo que lo fantástico, lo retorcido y lo desgarrador se encuentran en el exacto centro de lo cotidiano.

– ¿Cuál es el mejor momento para escribir?

Creo que es óptimo sentarse a escribir cuando uno tiene varias horas libres por delante, a fin de darse el tiempo necesario para revisar las palabras con diccionarios y para leer en voz alta y detectar así repeticiones, errores de redacción y cacofonías.

– ¿Qué aspectos formales tiene en cuenta? ¿Cómo es el proceso creativo?

Los aspectos formales que tengo en cuenta son: no poner ni una palabra demás, no adjetivar a menos que sea absolutamente necesario, no ponerle nombres ni características propias a los personajes a menos que esto tenga repercusión en el final e intentar resolver los textos en la última palabra (u obligando al lector a volver al título, que es ir un poco más allá de la última palabra).

También intento cumplir con dos preceptos que considero básicos: que no transcurra mucho tiempo (horas, días, años) entre el principio y el final del texto, sino que ese lapso no abarque más que segundos o minutos y que, en lo posible, no haya más que un solo escenario.

Por otra parte, respecto de la cantidad de personajes, considero que tres ya son multitud, es decir, intento no utilizar más de dos en las microficciones.

En cuanto al proceso creativo, el mismo tiene lugar previo al hecho de escribir el texto, ya que sólo empiezo a escribirlo si tengo toda la historia armada en la cabeza. Incluso, cuando me siento a escribir ya tengo la primera y la última frases ya elegidas.

Y la forma de crear los textos empieza casi siempre, como dije antes, reelaborando situaciones que he vivido, que he visto o que me han contado. Muchas veces, la idea inicial, contiene ya el comienzo y el final. Lo que más tiempo me lleva es tejer la trama.

Generalmente, descarto muchísimas ideas antes siquiera de hacer el intento de comenzar a volcarlas al papel.

Ahora bien, si hay algo que no puedo hacer porque no me nace y porque cuando lo fuerzo, me sale mal, es escribir “por encargo”: escribir, por ejemplo para enviar un texto a un concurso que tenga un tema predeterminado o cuando algún sitio o revista convocan a escribir textos sobre algún tema para realizar luego una publicación. Sólo participo de ese tipo de convocatorias si ya tengo algún texto escrito que coincida con lo requerido en las mismas.

– ¿Tiene preferencia por algún género (policial, ciencia ficción, terror, etc.)? ¿Cuál y por qué?

No tengo ninguna preferencia en ese sentido. Sí prefiero leer ficción. Como lector, del género que sea, me gusta que me cuenten una historia y no que me digan cómo es o cómo debería ser la vida. Eso es para ensayistas y aforistas, no para escritores de microficción.

– ¿Qué elementos considera a la hora de crear a los personajes?

Los personajes en la microficción son sólo bocetos irrelevantes. No creo que se deban crear personajes en este género narrativo. Es gastar tiempo y palabras sin sentido.

Creo que la presencia de personajes con características propias sólo se justifica cuando se utilizan personajes universalmente conocidos. En ése caso, alcanza con consignar su nombre o una característica reconocible del mismo para que el lector lo identifique inmediatamente.

– ¿Qué importancia le da a los finales? ¿Son indispensables los remates?

Son indispensables. Todo el texto debe ser una sola unidad. Desde la primera palabra, se debe preparar el terreno para el final, que debe ser contundente.

De hecho, muchas micros son sólo final. Es la posibilidad que dan las micros inertextuales.

– De los minicuentos que escribió, ¿cuál es su preferido y cuál el que prefieren los demás?

El que prefieren los demás, seguro es “La buena cocina”.

En cuanto a mi preferencia, es un poco más difícil. El recién mencionado también me gusta mucho. Aunque otros como “Interés leonino” me agradan más, tal vez por su estructura y su desarrollo narrativo, más similar a la del cuento que a la del relato.

– ¿Qué dificultades presenta la microficción?

La microficción exige lectores entrenados, muy activos y conocedores del género o, al menos, del cuento breve. Y como los lectores con estas características escasean, es muy difícil para el escritor difundir lo que hace y que esto tenga la repercusión que merece si no lo hace en ciertos sitios o revistas de Internet o en editoriales especializadas en el género.

– ¿Cómo ve el presente de este género en el mercado editorial y sus perspectivas para el futuro?

El presente y el futuro editorial es analizable desde muchos puntos de vista.

Creo que nunca un libro de microficciones va a ser best-seller. El cuento y la microficción nunca van a vender tanto como la novela. Sin ahondar en las causas que llevan a esta situación, creo que el lector masivo de hoy busca novelas.

No es la posibilidad de obtener éxito editorial lo que mueve al escritor de microficción a publicar.

Grijalva Monteverde, Dina

Dina Grijalva Monteverde
Dina Grijalva Monteverde

Deslumbrante

1- Conocí la minificción en 2002, en un curso de Lauro Zavala, a quien le agradezco el haber compartido su pasión con sus alumnos. Y la redescubrí seis años después, en Buenos Aires. Lo que más me atrae de este género es el deslumbramiento que despierta.

Irrupciones

2- Algunas ideas para minificciones me surgen de la lectura; a veces en el acto mismo de leer o al recordar alguna lectura previa (puede ser alguna novela, poema o minificción; otras veces puede ser un ensayo, o incluso una nota del periódico la que desencadena el tema de escritura). En otras ocasiones puede ser un suceso de la vida o algún diálogo escuchado lo que despierta en mí el deseo, a veces irrefrenable, de escribir.

Trozos de papel

3- La minificción me puede surgir en cualquier momento: entonces la escribo en cualquier trozo de papel: casi siempre traigo fichas en mi bolsa, sino escribo esos embriones de minis en cualquier trozo de papel. He escrito algunas en el reverso de tickets de banco o incluso del supermercado, que aparentemente sería lo más antiliterario que existe. Pero esos chispazos los traslado a la computadora para afinarlos, pulirlos y dejarlos resplandecientes (por lo menos esa es la intención) y eso siempre lo hago por la mañana, recién levantada, que es cuando no pienso en nada que no sea la escritura.

Ni una palabra de más

4- Casi siempre las minis me surgen como chispazos, son momentos de felicidad. Algunas han emergido de mí casi idénticas a como han quedado; en otras he realizado un proceso de limpiarlas, acicalarlas, perfumarlas, hasta dejarlas presentables. Me parece que la minificción demanda un trabajo cuidadoso con el lenguaje. En una buena mini no debe de sobrar ni una sola palabra y debemos tratar de que cada una de las palaras que la forman sea la idónea. Creo que varios de los consejos de Quiroga y de Cortázar pueden ser valiosos para la minificción.

Final feliz

5- Como en mí siempre han despertado una fascinación muy especial los finales sorpresivos, disfruto mucho cuando la mini escrita me conduce a un final sorpresivo; tal vez sea uno de los elementos que más gozo. Pero, me parece que no en todas las minis (como no en todos los cuentos) es indispensable un final sorpresivo para escribir una mini feliz.

Preferencias

6- Mis minicuentos son un poco como hijos: algunos me encantan porque me parecen bien logrados, otros no tanto pero siempre les encuentro justificaciones. De otros autores, sin pretender ni por asomo ser exhaustiva, me gustan: “Amor 77” del gran Julio Cortázar. “Literatura”, de Julio Torri. “En el ascensor”, de Orlando Van Bredan. “Pelea”, de Cristina Araujo García. “Cortísimo suceso”, de Armando Arteaga. “Tango”, de Mario Goloboff. “El crimen perfecto”, de Eduardo Galeano. “El dominio”, de Fernando Iwasaki. “Año nuevo”, de Inés Arredondo. “Diálogo amoroso”, de Sergio Golwarz y “Canción cubana”, de Guillermo Cabrera Infante. Hay dos autoras que son mis favoritas en minificción y me sería muy difícil elegir una sola mini de ellas: Ana María Shua y Luisa Valenzuela.

Como un orfebre

7- Creo que el gran reto del microrrelato es comprender que por su breve extensión demanda gran esmero en el lenguaje. Cada una de las palabras que forman una minificción debe haber sido revisada, pesada, vista desde todos los ángulos y permanecer sólo si su presencia es indispensable. Su escritura se podría comparar con la labor de un orfebre o de un hacedor de camafeos: cuanto más pequeña sea, más cuidadoso y delicado debe ser el proceso de elaboración.

Virósica

8- Deseo y espero que la magia de la minificción se expanda por todo el mundo hispanoparlante y ejerza su influjo de fascinación y deslumbramiento en un sinfín de lectores. Y como la minificción es contagiosa, imagino un mundo de escribientes de microrrelatos.

Casamayor, Juan

Juan Casamayor
Juan Casamayor

Visita a la Argentina

1. La especialización de Páginas de Espuma en el cuento nos acercó desde un principio naturalmente a los escritores latinoamericanos, especialmente a los argentinos. Siempre hubo una intención editorial, literaria y comercial de trabajar con el país, aunque hoy queremos hacer más que una visita a la Feria del Libro. Un poco porque la editorial ahora se lo puede permitir y otro poco porque la crisis que atraviesa España nos obliga a reportar otros mercados… Si bien nuestra política de autor hace que vivamos más del fondo que del servicio de novedades, hay mucha inestabilidad y nerviosismo en el sector, y muchas editoriales independientes se vieron duramente afectadas. Por eso la idea es empaparnos un poco más de lo que se palpita acá. No focalizar solamente en los autores y los medios de comunicación, sino enterarnos también qué respiran los libreros, qué problemas tienen, cómo funciona el lector, qué se lee en los periódicos, etc.

El cuento ¿un negocio?

2. El negocio del cuento es que no hay negocio. Cuando logras entender eso entiendes que puedes tener una editorial independiente, pequeño- mediana, que ya va a cumplir 13 años y con un catálogo que se fortalece día a día. Esa proclamación de “el cuento no vende” a la que nos enfrentamos a finales de los noventa no es real. Quizá no sirva para hacer mucha plata, pero aquí hay cinco personas que vivimos de Páginas de Espuma, y eso no es poco. Lo único que tiene que existir es una voluntad real de vender libros de cuentos. Ajuar Funerario, de Fernando Iwasaki, funcionó por ejemplo muy bien en librerías pero no se vendió mayormente por esa vía. Es un libro que a mí me pareció extraordinario para los chavales de 14 a 16 años, y por eso fuimos junto a nuestros distribuidores a las administraciones públicas de México y Perú para lograr que forme parte de las bibliotecas de aula y entrase al canal de lectura obligatoria. Hoy ya lleva siete ediciones en siete años y hemos vendidos más de 60.000 ejemplares. Otras editoriales que no trabajan por y para el cuento no se toman ese trabajo.

El microrrelato en el mundo editorial

3. En España se habla del “boom del cuento”. Es cierto que hay más lectores de narrativa y que editoriales importantes incursionaron con algunos volúmenes, pero la verdad es que sigue habiendo un rechazo sistemático hacia este género. El microrrelato, en cambio, aunque está mucho más ausente en los medios, nos ha dado unas alegrías enormes. Ana María Shua, sin ir más lejos, le debe su entrada a España al microrrelato. Cuando publicamos Temporada de Fantasmas, Cazadores de Letras eclosionó y Fenómenos de Circo tuvo una gran acogida, una repercusión que no había logrado antes con su novela. Y luego, desde un punto de vista de catálogo, un libro muy vivo es Por favor sea breve I y II, compilado por Clara Obligado. Vendimos cerca de 15.000 ejemplares del primer título y vamos camino de 4.000 del segundo.

Coro de voces

4. El catálogo de la editorial tiene autores muy conocidos, otros no tanto (al menos en España), y una vez al año nos permitimos publicar un autor inédito, eso nos gusta muchísimo. Hay muchas vías de captación. La principal es nuestro propio tejido de autores. Es el caso de Andrés Neuman, a quien conocimos gracias a Isabel Mellado, que para entonces era su inquilina… Otros manuscritos por supuesto llegan de forma anónima. El síndrome Chejov, por ejemplo, llegó de una forma doblemente anónima. Miguel Ángel Muñoz nos escribió como un tío que había perdido a su sobrina en un accidente, contando que la muchacha había dejado un manuscrito inédito en la mesilla junto a un libro de nuestra editorial y que por eso nos lo enviaba a nosotros.

Cláusulas

5. En la medida en que podemos nos gusta llevar de gira a nuestros escritores para acercarlos al público lector. Esto es otra cosa que las editoriales no suelen hacer por un libro de cuentos. Nosotros creemos en el género y además vivimos de ésto, por eso muchos autores reconocidos nos eligen. Muchas veces incluso publican sus novelas en otras editoriales aclarando por contrato que los libros de cuentos se los darán a Páginas de Espuma. Y las otras editoriales suspiran aliviadas, porque siguen considerando los cuentos como un descanso del novelista y no quieren trabajar para ellos.

E-books

6. Páginas de Espuma participa actualmente de un proyecto lanzado por el gobierno de España para que las editoriales digitalicen parte de su catálogo y analicen el funcionamiento del libro electrónico, un instrumento que llegó para quedarse, aunque todavía no facture. En este sentido la crisis de España no me preocupa, lo que me más importa es la crisis del paradigma del libro en el mundo entero. El papel no sólo va a tener que convivir con otros formatos, sino también con otra forma de entender la información, el ocio y la lectura. Hoy estamos más informados y comunicados que nunca, pero ¿nos informamos realmente en profundidad? ¿Es comunicarse decir “estoy con dos amigos tomándome un té en el centro de Bs As “? Estos cambios afectan la forma en que se lee y determinan hacia qué libros vamos. En este sentido trabajar con la narrativa breve nos abre enormes posibilidades. No todos tienen acceso a lectores asiduos a un cuento a la semana, a un microcuento al día, o a armar su propia antología seleccionando distintos autores de la editorial.

Malos empresarios

7. El microrrelato quizá no es un boom pero tiene muy buena acogida. Su difusión es sencilla, y va de la mano de los canales de comunicación que exigen precisamente brevedad. Calza muy bien con los talleres literarios, los concursos y las escuelas de escritores. Pero para que el libro llegue hay que hacer un trabajo comercial. Nosotros somos en realidad cuatro filólogos. Siempre hemos andado despacio y algo temerosos, y eso nos dio la capacidad de ir creciendo de una manera más sostenida. Si nos hubiéramos metido en otro tipo de ambiciones hubiera sido distinto. Yo creo que precisamente porque hemos sido muy malos empresarios la editorial funciona.

Obligado, Clara

Clara Obligado
Clara Obligado

Destino inexorable

1- En “El libro de los viajes equivocados”, mi última obra, el viaje es un gran símbolo y representa la vida. Además, es un viaje equivocado, porque está destinado a que termine en muerte. Pero es también todo lo que tenemos…

Hipervínculos

2- Utilizar cuentos para contar una historia que sería propia de la novela me permitió variar la técnica y abrir el registro. También hay microrrelatos encadenados, e incluso una novela más extensa que aparece también contada con la técnica de los micros. Me gusta que la escritura sea mestiza, que fuerce los límites de los géneros. En algún punto, mi libro responde a las estructuras de la red, algunas historias funcionan casi como hipervínculos.

Espiral logarítmica

3- Me interesa mucho la estructura de un texto, su andamiaje. En este caso, se trataba de dibujar una espiral logarítmica porque me pareció que esta figura representaba bien ese eterno girar sobre las cosas que es la historia. Además, la espiral logarítmica es también la proporción áurea, y me llama poderosamente la atención que un principio constitutivo de las artes esté también tan representado en la naturaleza.

Un libro experimental 

4- Quería que fuese un libro inmenso y a la vez minúsculo. La apertura de los personajes y del foco tiene que ver con eso, con el deseo de contar algo que sería más propio de la novela. Pero la técnica tiene que ver con el relato y el microrrelato. Es un libro bastante experimental y ecléctico en su forma. Eso determina también la elección de los personajes, ya que tuve en cuenta que representaran entornos periféricos, incluso dentro de la misma Europa: no se trata de los países centrales, sino del Círculo Polar Ártico, un pueblo perdido en Italia, de Albania, etc.

Interlocutor espejo

5- Yo escribo para un lector que se parezca un poco a mí, creo que todos lo hacemos, y valoro tanto la claridad como la calidad. No sé si lo logro, pero pretendo que lo que escribo, además de tener cierto nivel, sea accesible para un público al que simplemente le guste leer. Nunca he escrito para la academia, ni para un pequeño círculo, no creo que esté mal esta opción, pero no es la mía.

Por favor sea breve

6- En relación al microrrelato publiqué en 2002 y 2010 “Por favor sea breve I y II”. Ambas son antologías de microficción. Aunque no incluyen todo, porque sería imposible, sí buscan dar un panorama de lo que está sucediendo. Los textos fueron reunidos teniendo en cuenta la calidad, el que pertenecieran a hombres y a mujeres, que fueran escritos en castellano y que representaran las diferentes tendencias del género. Y mi gusto personal, claro.

Entre las dos orillas

7- La idea de “Por favor sea breve” surgió porque me pareció que todavía no se había editado ninguna antología del género que acercara realmente las dos orillas. Además, necesitaba reunir los textos con los que trabajo en los talleres en un solo volumen. Ambos pretextos, el del encuentro en el idioma y el didáctico fueron el origen de esta antología. El libro ha sido muy leído y tiene varias reediciones. Probablemente porque los textos son muy buenos, puedo decirlo porque no son míos, y también porque resultó oportuno.

Micro- enseñanza

8- En mi escuela de escritura hay bastantes escritores de microficciones, algunos trabajan en directo y otros a distancia. Yo doy los cursos en directo, a distancia tengo también otros profesores, entre los que está mi hermana María, que reside en Buenos Aires. O sea, también en eso somos un poco internacionales.

Romano, Orlando

Orlando Romano
Orlando Romano

Un fogonazo

1. Decir que me propongo trabajar adrede con la microficción sería faltar a la verdad. Es algo que aparece, que se presenta como un fogonazo, una tentación pasajera, y de golpe estoy trabajando en un texto de esa naturaleza. Para mí, escribir es un juego, un juego muy serio en el que pongo todos mis sentidos para salir triunfador. Si fuese un hobby, no lo haría. Y creo que más allá de toda la seriedad y el respeto que se merece, este género no deja de ser para mí uno de los juegos más apasionantes de los que me ha tocado participar. Tuve la suerte de criarme en un hogar de mujeres solteronas y muy sabias (a su manera). Todo el tiempo me estaban relatando historias, al igual que mi abuelo. Y a la historia más larga, ellos tenían la virtud de reducirla al tamaño de un grano de arroz, y no perdía interés el relato, sino que se enriquecía. Eso me fascinaba. Desde mi niñez más temprana, yo me decía a mí mismo: “algún día quiero contar historias así”. Y desde entonces no dejo de hacerlo, a veces con mayor o menor fortuna.

Un invento de los artistas

2. Ignoro por completo lo que es la inspiración. Creo tanto en ella como en los duendes con los que mi madre me amenazaba si salía a jugar a la siesta. La inspiración es un invento de los artistas para diferenciarse de la gente común, para darse aires de genios o de seres especiales. Para rodearse de una aureola mágica. No hay inspiración: hay trabajo, hay dedicación, hay respeto por aquello que se realiza, hay también una mezcla rara de sufrimiento y de felicidad. Sufrimiento, cuando no se consigue lo que se ambiciona artísticamente; felicidad, cuando se lo consigue. Pero sobre todo hay necesidad: la del pájaro cuando vuela, la del salmón remontando el río; no se puede impedir, y si se lo impide, una luz se apaga por dentro, como una vela.

Forma y contenido

3. Un micro puede surgirme de una situación vivida en la calle, de la letra de un tango, del título de una película, o de alguna frase ingeniosa que siempre tiene mi hijo Matías en la punta de la lengua. Los aspectos formales que tengo en cuenta son la concisión, la brevedad, la fugacidad, la reducción, la condensación y el resumen. Podría añadir la prontitud y la ligereza, pero todo eso, lleno de contenido, de significación. Y mis temas son los sentimientos de las personas, sus trabajos, sus anhelos, sus sueños, sus penas y sus glorias. Sus pequeñas y grandes luchas diarias. Sus pasiones. Su fe en alguna clase de belleza, como diría Rilke.

Vida, amor y muerte

4. Tengo un buen puñado de cuentos fantásticos, pero no es el género en el que me siento más cómodo. Prefiero los realistas, los que muestran alguna característica filosófica e incluso psicológica; los que dejan algún mensaje abierto, en forma de abanico. También disfruto mucho jugar con el humor y el doble sentido. Creo que en todo microrrelato, como en cualquier texto que ambicione una pizca de eternidad, deben estar presentes los tres elementos fundamentales que hacen a nuestra condición de seres humanos: vida, amor y muerte. Y para que todo ese mecanismo se mueva, deben funcionar demasiados engranajes: precisión en los vocablos, brevedad, originalidad, una intachable sintaxis y una claridad semántica a prueba de malos entendidos.

La medida justa de sal

5. Todo remate esconde algo de misterio: es como la medida justa de sal que le ponemos a la carne asada: a puro ojo, en general. Yo prefiero que los remates se den naturalmente, sin ser forzados. No coincido con ese golpe a la mandíbula que se le asesta al pobre lector en la última frase o palabra. Pienso que si un escritor se acostumbra a rematar sus finales con un giro imprevisto de tuerca, corre el riesgo de pretender colocarse por encima del lector; cuando lo que tiene que buscar es que sea su cómplice, su secuaz, su compinche, su coautor necesario. El escritor es sabedor de casi todo, pero debe hacer de cuenta que sabe muy poco. Entonces el lector le palmeará la espalda (o el lomo del libro) y pensará “este tipo es mi amigo, mi copartícipe”. Yo voto por los finales abiertos, esos donde el lector decide cómo concluye la historia.

Lector medio

6. El Periodismo me dio la capacidad de observación, la objetividad, el ser claro, conciso y redactar sin floripondios, el ponerme en el lugar del lector para darle a leer aquello que su capacidad puede entender con el menor esfuerzo posible. Escribo notas para un lector medio. Y, del mismo modo, mis cuentos y novelas están dirigidos hacia un lector inteligente, avisado, pero que comparte ciertos códigos conmigo, códigos de lectura y de entendimiento mutuos. No busco brindarle una lección de nada, ni demostrarle lo inteligente que soy, porque en el fondo el lector debe sentir que es más inteligente que uno. Debe pensar “esto lo podría escribir yo, e incluso mejor”. Si yo le demuestro al lector lo brillante que soy (que no es el caso), y lo papamoscas que es él, es muy posible que cierre el libro y se vaya a ver Gran hermano, donde todo el mundo es menos inteligente que él.

Cuentos de un minuto

7. Mi primera obra, Cuentos de un minuto, viene a ser como mi bautismo en el mundo de la narrativa brevísima. Representa la ilusión, la esperanza, la entrada al mundo de las letras por la puerta de atrás, caminando en punta de pies para no molestar a la gente importante. Con ese libro anhelaba lograr grandes cosas, aunque en verdad sólo me importaba que mi madre y mi familia supieran que yo era capaz de lograr grandes cosas (si acaso escribir un libro es algo grande)… Le tengo un gran afecto, y a pesar de sus carencias literarias, lo tengo en la cima de mi biblioteca. Es el testigo de una época dorada que ya no volverá.

Entre los mejores

8. En cuanto a las antologías, puedo decir que son una bendición del cielo para los escritores desconocidos y que no publican con tanta frecuencia. Al español Fernando Valls (uno de los más destacados críticos de microrrelatos a nivel mundial), en una entrevista sobre jóvenes promesas se le ocurrió decir, quizás por desliz o generosidad, que yo era uno de los mejores microrrelatistas jóvenes en el mundo de habla hispana. A partir de entonces me invitaron a participar en toda antología habida y por haber, en ambos lados del continente, cosa que agradezco enormemente y no sé si merezco.

Cápsulas mínimas

9. Con respecto a mi segundo libro de micros, Cápsulas mínimas, es una prueba de madurez, es allí donde, sospecho, aparece el verdadero escritor, el escritor profesional, el que escribe a conciencia, sabiendo a las claras el efecto que puede provocar en los lectores. Y, sobre todo, el que escribe para que sus libros se vendan… Es el libro, así lo veo yo, donde me recibo como escritor de micros, si acaso hubiese una Universidad.

Micros-historias de mujeres

10. En cuanto al libro que se publicará dentro de poco, La ciudad de los amores breves, micro-historias de mujeres, es una especie de homenaje a todas las mujeres que me enseñaron a amar, y también a las que hice sufrir… Para bien o mal fueron muchas, y cada una me dejó como herencia un costado femenino que me ayuda a escribir cuentos filosóficos de mujeres, relatando sus pasiones, sus sueños, esperanzas y desengaños. Y también, lo confieso, es un pedido de disculpas, porque hubo un tiempo, una época muy estúpida, en la que me sentí superior a las mujeres; y qué equivocado estaba.

Sexo débil

11. Nací en un hogar de clase media baja, rodeado de tías solteronas, primas mayores, jóvenes vecinas sin novios, un ejército de mujeres que me consideraban como una especie de osito de peluche… Me sobró el cariño femenino. Gracias a esa cercanía aprendí que la mujer es más sabia, más intuitiva, más simple (sin ser nunca vulgar). Es capaz de regalar todo el cariño que tiene a cambio de nada, a cambio de sentirse bien consigo misma. Es capaz de sentir piedad en el más alto grado, piedad por el que sufre una gran pena de amor, la pérdida de un hijo, o piedad por el niño que extravió un globo en el parque. Si los hombres alimentáramos nuestro lado femenino, el mundo marcharía con un amoroso equilibrio. Hoy la mujer es poderosa: se vale por sí misma, trabaja, es independiente, cría a los hijos (y lo hace todo bien). Cuida de su salud y la de su familia (hasta la de los amigos). Y por si fuese poco, cuando la naturaleza la bendice, es capaz de llevar vida adentro suyo: un ser capaz de todas estas cosas no es un sexo débil, aunque a muchos les resulte cómodo o beneficioso afirmarlo así. El temor a la mujer es un cáncer de esta sociedad. Es el horror a lo distinto, a lo que es mejor que nosotros, a aquello que no entendemos del todo.

Escritor profesional

12. Mi dedicación a la producción de textos es constante; pueden ser muy malos, lamentables en un sentido estético, pero permanentemente estoy produciendo. En mi escritorio o en mi computadora siempre hay tres o cuatro libros propios, de diversos géneros, que van cobrando vida en el mismo momento, sin pausa, sin preferencias por uno o por otro. Distinto es el caso cuando debo entregar alguna obra a una editorial; en tal caso, con fecha de entrega pactada, y a veces sin tiempo, sí me aboco a uno en particular; pero a los otros no me los quito de la cabeza. Como tampoco me quito de la mente las docenas de proyectos de libros que tengo para el futuro. Eso lo aprendí de algunos escritores europeos, sobre todo de los españoles; es a lo que yo llamo ser un escritor profesional, un escritor establecido (en general desconfío de los escritores de fines de semana, esos que sólo escriben porque les sobra el tiempo o porque encontraron un verso que rima con el nombre de la mujer o el hombre que aman). Escribir es un trabajo duro. Uno tiene que luchar con esa sensación de sentirse menos, porque mientras tus compañeros de estudios ya han construido edificios o son presidentes de multinacionales, uno todavía está sudando su primera novela. Ni hablar de la familia, que te mira de reojo cuando pedís un segundo plato de sopa y no aportaste nada para el almuerzo… un escritor profesional debe saber lidiar con todos estos obstáculos. ¿Mi ideal? Lograr que miles de niños y jóvenes sean felices leyéndome, y que los adultos se olviden por un momento de sus problemas repasando mis historias…

Leer entrevista completa.

Berti, Eduardo

Eduardo Berti
Eduardo Berti

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 14 de marzo de 2007.

Flash fiction

1. Los americanos hablan de “Flash fiction”, como si escribir microrelatos fuese rápido, cuando en realidad el tiempo de escritura que insume es enorme. El género es falsamente rápido: uno cree que el escritor lo escribió rápidamente, y no es así. Por otro lado, se lo puede leer rápidamente, pero los buenos microrelatos tienen muchas claves de relectura. Dejan mucho afuera, como señala la famosa teoría de “la punta de iceberg” de Hemingway. Acá creo que es el brillo de la punta, ni siquiera la punta, una olita, y todo lo que queda afuera es un mundo muy grande como para que el lector pase directamente al siguiente. Sería un pecado. Yo no voy a dar consejos como un médico, si quiere leer el libro de microcuentos en media hora, hágalo, pero luego reléalo.

Como las cerezas

2. Los microrelatos son como las cerezas: producen adicción. Habría que ponerlo en el lomo, como en los cigarrillos: “Leer cuentos cortos produce adicción como las cerezas, y otras cosas”.

Leer a Piñera

3. Cuando yo empecé a escribir microrelatos, ni sabía qué los eran microcuentos, y menos qué iba a ser un libro de eso. Cuando ya tenía diez o quince ya hechos, le comenté a unos amigos lo que estaba escribiendo y me dijeron: “Tenés que leer a Virgilio Piñera”. O quienes leían algún cuento mío encontraban reminiscencias de otros autores; de ahí en adelante fui tomando más autoconciencia.

Diferencia entre cuento y relato

4. Existe una diferencia entre cuento y relato, cosa que yo no distingo entre microcuento y microrelato. Lo que se dice es que el relato es más largo y de trama más abierta, mientras que el cuento tiene más esa cosa de “círculo perfecto” de la vieja doctrina de Poe y que tiene menos personajes, pero yo tengo mis dudas. En realidad, el relato vendría a ser otra zona de transición entre el cuento y la nouvelle. En el relato se permiten más digresiones, más personajes secundarios. Pero es muy difícil establecer diferencias; yo descreo de toda esta cosa rígida. En muchos lugares cuento y relato se tocan.

El boom

5. Hay un boom del microrelato, no sólo acá en Argentina, sino en los países de lengua española en general y también cada vez más en otros países, como China, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda. Me parece que este boom tiene algo de moda, y que se lleva muy bien con Internet y con los blogs. Es un género que queda cómodo para la falta de tiempo que tiene la gente para leer, va de la mano con la velocidad de estos tiempos. Por otro lado, también creo los microcuentos son fruto de un desgaste de la forma, sumado al hecho de que ahora la cosa va hacia la brevedad. Hay un viejo libro de Ítalo Calvino, Lecciones para el próximo milenio, donde destaca algunas cosas que él cree que se van a venir; ahí señala la brevedad, la intensidad, y cita El dinosaurio de Monterroso. Tal vez el espacio que tenía el cuento para renovarse iba más por el lado de las elipsis muy fuertes y la brevedad. Está bueno que los géneros tengan espacio y se puedan desarrollar.

Escribir a mano

6. Una vez me preguntaron porqué escribía a mano dije que tal vez fuera para no sentir que seguía haciendo periodismo. En los primeros años yo estaba muchas horas dentro de la redacción y me escapaba al bar de la esquina, y estaba un poco obligado a escribir a mano. No fue una decisión sino cosas que se fueron dando. Hay muchos escritores de mi generación que escriben a mano, con Pablo De Santis lo hemos charlado alguna vez. Me parece que ahí hay algo mucho más sensual. Yo siento que hay menos intermediación, que hay toda una cosa del pulso, la sangre y la respiración que juega en la escritura a mano. Además uno lleva una libreta que puede tener en todos lados. Escribir en bares es hermoso, o en los colectivos cuando conseguimos asiento. Es como una guitarra comparada con un piano, al que no podés llevar a todos lados. Yo tengo cuadernos con novelas enteras.

Fábrica de ideas

7. Mi usina de ideas por suerte no la sé. No es conciente y, ante el miedo de una sequía, es muy variada. Son las mismas cosas que le provocan ideas a la mayoría de los escritores. Hay cuentos que surgen a partir de un personaje, otros que nacen a partir de un lugar, otras, de una situación. Algunos se disparan a partir de una frase. Sobre todo en los cuentos hiper breves, que comienzan con una frase que se vuelve una especie de acertijo y después uno puede pasarse meses buscándole una continuidad.

Humor a primera vista

8. El humor es un elemento muy importante en el microrelato. Igual creo que los mejores microrelatos no son los que tienen intención de chiste, sino los que te provocan tal vez con una sonrisa pero a la vez te dejan esa sensación más profunda.

Literatura como juego

9. Hay otra lectura que es la literatura como juego y el lector tratando de descifrar pistas. Hay un libro de (Raymond) Queneau que se llama Ejercicios de estilo, y que es la misma historia contada 99 veces: en pasado, en futuro, con preguntas retóricas. Otro libro que se tradujo al castellano es La disparition de (Georges) Perec, un texto que no tiene la letra “e”. Acá lo titularon El secuestro y le quitaron la “a”. Y hubo críticos que en el momento en que salió la novela no se dieron cuenta de que faltaba la letra “e”. El riesgo de estos juegos es que uno muchas veces se queda en lo formal. Son juegos que van más con los cuentos o textos cortos, que en una novela. Porque una novela apoyada en un juego así pude provocar que sea mucho más divertido hablar de esa novela que leerla.

Arrojarse al vacío

10. Me da miedo ser conciente de todo. Está bueno ser conciente de la técnica, de cómo manejar las armas, pero me gusta reservar cierta espontaneidad. Un buen plan es combinar cierta inocencia con cierto saber. Es difícil mantener el equilibrio, pero estoy convencido de que hay varios momentos en la escritura. Hay un momento en el que uno se pone a escribir como un loco, y después otro en el que, como un viejo sabio, se lee a sí mismo para corregir. Ahí es importante ser conciente, tener un saber. Pero está bueno arrojarse al vacío cuando uno escribe, aunque es difícil.

Saer, lector de lujo

11. Uno de los mejores regalos que te hace la literatura es tener buenos lectores, lectores de los que uno se siente orgulloso. Saber que Saer leyó un libro mío, que pasó unas horas de un mes leyéndolo, no tiene precio. Otra sorpresa fue cuando un amigo me comentó que había visto algunos cuentos de La vida imposible en unos blogs, que es algo parecido a lo que pasa con la aparición de las canciones en las canchas. Es hermoso que a alguien, por propia iniciativa, se le haya ocurrido postear unas palabras que vos escribiste. Es alguien que se reconoce y siente que puede hablar a través de lo que vos escribiste.

El ejemplo de Picasso

12. Hay una famosa frase de Picasso que dice: “Lo mejor que te puede pasar es que la inspiración te agarre trabajando”, y no durmiendo, o triste porque no te viene la inspiración. Hay que aprender a tirar y también hay que escribir mucho, porque cuanto más escribís, más empezás a encontrar en cosas que te cuentan (cosas que lees, una noticia, lo que sea), cuentos, novelas, ficción. Así uno entra en un estado de escritura constante.

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Shua, Ana María

Ana María Shua
Ana María Shua

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el 21 de marzo de 2007.

Comer bombones

1. En la mini ficción se produce una fuerte concentración del sentido y por eso, por más que sean cortitos, es muy cansador leer muchos textos de mini ficción, uno detrás de otro. Porque cada uno requiere cierto tiempo para apropiárselo, unos segundos para disfrutar del efecto, porque deja una especie de regusto, que necesita un espacio de tiempo. Son como los bombones, si uno come una caja se empacha.

Todo empezó con Borges y Bioy

2. Acá todo empezó en 1953 con los Cuentos breves y extraordinarios, de Borges y Bioy Casares. Fue la primera antología de microcuentos que se publicó en América Latina, y después continuó en México con Arreola. En realidad acá todos los maestros del cuento han escrito cuentos brevísimos. En Argentina el cuento breve tiene una gran tradición, porque han escrito mini ficción Borges, Bioy Casares, Cortázar, Marco Denevi, Isidoro Blaistein, Enrique Anderson Imbert. La gente en realidad no debería sorprenderse de la existencia del microcuento. Hace unos 10 o 15 años el cuento brevísimo fue descubierto por la crítica. Entonces empezaron a aparecer muchos artículos al respecto, se empezó a difundir en las universidades, se encontró un nicho donde ponerlo, se establecieron sus límites y a partir de eso empezó a tener más difusión.

Pasión

3. Si uno siente la pasión de la lectura, no resulta imposible transmitirla. El que realmente goza leyendo es una especie de adicto, y promover la lectura le resulta tan fácil como a un adicto la droga. Simplemente yo creo que el lector compulsivo, contagia a la gente que tiene alrededor. Yo soy una lectora muy ecléctica, por eso también escribo un poco de todo. Me encanta el mini cuento, el cuento y la novela. Todo lo que sea narrativa de ficción me apasiona.

Página en blanco

4. Cuando uno tiene límites, la imaginación funciona mucho mejor y más afiladamente. Por eso el tema recurrente de la página en blanco, la página en blanco es eso: la imaginación librada a sí misma, sin ningún marco.

Nena mercenaria

5. De chica cuando escribía “tema: composición”, me salían muy bien, tenía siempre “excelente”. Cuando no los vendía, porque como los hacía muy rápido…Soy mercenaria desde chiquita. Yo empecé a vender mis cuentos a eso de los siete años, y más tarde cambiaba las composiciones por figuritas brillantes.

Escribir cansa

6. Escribir una novela para mi es agotador, es un trabajo que tiene algunos momentos placenteros, también otros muy sufridos. Sobre todo el momento en el que no se sabe para dónde dispara. Además, uno va escribiendo y lo que queda atrás es un material informe, confuso y desagradable. Mi técnica para poder avanzar en una novela es no corregir, entonces en el trayecto van cambiando los nombres de los personajes, cosas de la novela que en el momento en que estoy escribiendo ya se que voy a tener que volver atrás para cambiar y justificar. Pero trato de llegar hasta el final, aunque sea en esa calidad de material desagradable, sino sé que nunca voy a poder terminar de escribirla.

El punto final

7. Cuando uno llega al punto final, al principio no se queda con una sensación placentera porque una novela es un texto que te ha tenido concentrado durante mucho tiempo, y uno ha estado viviendo durante ese tiempo en el doble mundo de la realidad y la novela. Uno camina por la calle y habla en su fantasía con sus personajes. Y de repente uno de esos dos mundos en los que vive se apaga, y uno siente una sensación de vacío por un tiempo. Además, todo lo que uno tenía trató de ponerlo en la novela, hay un vaciamiento real.

Las claves

8. El escritor no tiene todas las claves de su propia producción. Todas las lecturas me parecen aceptables, puede tener mucha razón un crítico en descubrir cosas que el propio autor no vio. Aunque hay muchas cosas que son fantasías de los críticos. Todo lo que escribe un escritor de ficción es deliberado y no lo es. Uno sabe lo que escribe, no es inocente, y al mismo tiempo aunque domina los recursos no domina todo, no controla con toda precisión cuáles son los temas sobre los que va a escribir. Las decisiones las hace sobre un corpus predeterminado dictado sobre su inconsciente. Yo como lectora no trato de descifrar qué es lo que quiso decir, sino leo lo que está en el texto.

El ingenio

9. En la mini ficción hay un juego de ingenio, que cuando uno se mete en el género trata de eludir. Es un peligro también el ingenio. En términos generales, todo lo que a un escritor le sale fácil, es un peligro. Para llegar a obtener lo mejor de sí mismo, tiene que trabajar a contrapelo, lejos de su facilidad, o al contrario, llevar su facilidad al extremo. Pasarse del otro lado.

Consejos

10.

* Hay que ser un lector apasionado, si uno no es un lector que le apasiona leer literatura de ficción, no tiene porqué intentar escribir. Por que hoy hay mucha gente que quiere escribir y no quiere leer.
* Si ya es un gran lector y quiere empezar a escribir, tiene que haber un equilibrio entre subestimarse y sobreestimarse. Porque si uno está en la situación de que todo lo que escribe le parece abominable, mediocre o estúpido, se paraliza. Y si a uno le parece que todo lo que escribe es un aporte a la literatura universal, empieza a creerse un genio incomprendido, no acepta críticas, se frustra, y consigue el mismo resultado que la subestimación, la parálisis.
* No hay que desanimarse ante lo rechazos editoriales. Los argentinos tenemos una muy fuerte tradición de cuentistas; los escritores generalmente comienzan escribiendo cuentos, que son muy difíciles de publicar. Mis primeros libros fueron rechazados en todas las editoriales, y la edición de los Días de pesca se la pagué a Corregidor. Hay que ser severamente autocrítico. Yo noto que mucha gente escribe maravillosamente bien y también escribe muy mal, y ellos no se dan cuenta del contraste de unas partes con las otras. Se enamoran de todas las palabras, entonces no progresan., y el conjunto de sus textos no tienen valor. Todos, los grandes escritores, los buenos y los mediocres, escribimos cosas que no tiene valor, que no tienen sentido. Por algo dice el refrán: “Hasta Homero duerme a veces”. Algunas veces la diferencia entre un buen escritor y uno mediocre, es la autocrítica, el darse cuenta que no todo lo que uno escribe es bueno.
* Hay que presentarse a concursos, no hay que pensar que todos están arreglados, tal vez lo estén en los que hay mucho dinero en juego. La mayor parte de los concursos son lícitos, los jurados son otros escritores y les encanta descubrir nuevos autores.
* En la literatura hay altas cumbres, pero que forman parte de una cordillera. No hay que achicarse, sino uno no va a poder escribir nunca. Uno se puede conformar con ser una montañita de esa cordillera. Una lomita, una estribación de la precordillera.

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Sasturain, Juan

Juan Sasturain
Juan Sasturain

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el miércoles 7 de marzo del 2007.

El cuento malo si breve, dos veces malo

1. El cuento corto está ligado sobre todo al cuento como sorpresa. No me imagino a Henry James escribiendo un cuento corto, porque el concepto del cuento para él pasaba por otro lado. El privilegio en el cuento corto está dado en la trama, que en general incluye una sorpresa. Es como llevar a su mínima expresión los preceptos de Poe. Por eso, cuando un cuento corto es malo, es peor. Lo malo, si es breve, es peor.

Como con la mano

2. Antes escribía a mano. Ahora tengo una libretita donde apunto cositas para incluir en novelas. Pero después, la computadora. Me llevo bastante mal, aunque me vino bárbaro porque yo escribo mal; soy disléxico, no sé escribir bien a máquina, escribo con dos dedos y le yerro a las teclas, entonces tengo que estar corrigiendo continuamente. Ya no me imagino cómo hice antes, en los ochenta, cuando escribí la novela Arena en los zapatos, iba pegando papelitos. Era un infierno.

Un asesino serial

3. En general no tengo un plan muy determinado cuando empiezo a escribir una novela, lo cual me ha causado problemas graves en el pasado. Sobre todo cuando escribo novelas de género, donde la trama es importante, como en los policiales. No es una pose, ni un chiste. Yo mataba a los tipos, y ni yo sabía quién los había matado. Eran historias que publicaba como folletín; cuando no sabía qué hacer, aparecía un cadáver para que la trama siguiese. Después eso se notaba, porque al final tenía que agregar veinte o treinta páginas de explicaciones y había veces que ni siquiera llegaban a ser del todo claras. Pero no es recomendable, porque te cuesta mucho más avanzar. En uno de los policiales que estoy escribiendo ahora, traté de controlar más eso, por lo menos saber bien a dónde iba a terminar, aunque en el medio se me desparramó bastante.

Elogio de la escritura

4. El calígrafo (de Pablo De Santis) está escrito en la mejor prosa castellana de estas latitudes. Pablo ha escrito muchas cosas buenas, antes y después, pero la perfección, la justeza de cómo abre y cierra… Leés el primer párrafo y te caés de culo. Uno puede leerlo en el mismo registro de Bioy, con la misma tensión, con el mismo efecto de prosa argentina. Eso es lo que hacen los escritores.

Agarrar los libros

5. No recuerdo que de chico me contaran cuentos en mi casa. Capaz estoy siendo injusto, pero creo que no. Mi vieja cantaba algunas cositas, pero no me acuerdo que alguien se sentara a contarme cuentos. Después sí agarré los libros y las historietas, pero nadie me los ponía enfrente, yo me los compraba.

Leer al pato Donald

6. Los primeros relatos que me gustaron fueron las historietas de Disney, del Pato Donald. Una que recordé siempre, es la que el tío Patilludo, Donald y los sobrinos encuentran la Atlántida. Había, por ejemplo, unas máquinas de música que funcionaban con anguilas enchufadas y, después de un tiempo de estar ahí, les salían branquias. Con los años uno, que trabaja de esto, se da cuenta de que eso lo había escrito Karl Barks, un guionista que escribió cosas maravillosas para la Disney, o sea que no era cualquier boludez. Ahí había un autor.

La crítica de la educación pura

7. Con respecto a la educación, podemos criticar lo que se hace, que es lo más fácil (risas). Antes se imponía desde la ortodoxia de un canon: yo en segundo año leía a Marianela, de Galdós. Hoy en día es al revés, hay cierta condescendencia: ya que los pibes no leen, démosles historietas, Mafalda, que lean algo. Se les da más de lo que ya saben o lo que ya quieren por temor al rechazo. Están equivocados. Me quedo con Marianela. Tienen que darte lo que vos necesitás o lo que querés saber, en lugar de subrayarte lo que vos ya sabés, que es una manera de subestimarte. Que te abran la cabeza, que puedas descubrir mundos que desconocés. Aprender que hay un universo al cual podés acceder, pero que nadie te lo va a entregar, te vas a tener que romper el cuello y leer mucho…

Los colores de la pasión

8. Para mí lo más importante es la pasión para poder transmitirle a los alumnos lo que realmente les gusta. El pelado Marcángeli, mi profesor de segundo año de literatura en el año 59 o 60, llegó un lunes a la mañana y transcribió un soneto que se llamaba A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell, que había salido en La Nación del domingo. Era un soneto de Borges, y yo no sabía quién era Borges, qué era un soneto ni quién era Cromwell. No sabía un carajo, pero ése soneto, puesto ahí, nos hizo dar cuenta a algunos que teníamos alguna sensibilidad. Todo depende de la pasión que se transmite. Pero para eso, el que lo transmite debe creerlo. No debe dar un programa, sino hacerte dar cuenta de que lo que te está compartiendo es muy bueno y sos vos el que se lo está perdiendo. Tiene que vendértelo bien, pero para vendértelo tiene que ya tenerlo incorporado él.

Profesores embalsamadores

9. En la facultad yo tenía varios profesores embalsamadores, que eran capaces de matar hasta lo más hermoso. Se leía para cumplir, no por placer. En eso Borges fue un profesor excepcional, aunque yo no lo tuve. Le importaba tres carajos, decía: “Vamos a leer, vamos a disfrutar y a saber por qué esto es hermoso, es inteligente, cuál es el mundo que esconde este texto”.

El placer de leer y escribir

10. Escribir es una cuestión de placer, como leer. Está el famoso consejo de Briante: “Los Sábatos y sabatitos, todos preocupados por el destino de la humanidad y el haber sido tocado por el rayo de iluminar a la humanidad, para qué escriben si sufren”. Después, como todas las cosas placenteras, tiene su cuota de laburo, no necesitamos explicitar nada. Hasta las cosas que más nos gustan, y por ser las que más nos gustan, en algún momento se complican y hay que hay que remar, pero se parte de un lugar que es básicamente placentero. El trabajo debe siempre tener algo de placentero, ya que incluye el esfuerzo.

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Apo, Dora

Dora Apo
Dora Apo

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el miércoles 28 de marzo de 2007.

Cuentos propios

1. Los cuenta cuentos no aprendemos de memoria, sino que adaptamos los textos. Le sacamos toda la parte literaria porque para contar no necesitamos, o mejor dicho, no podemos contarlo con las palabras del escritor. Lo que hacemos es relatar cuentos tradicionales- con presentación de personajes, argumento, conflicto, clima y desenlace- y contarlos en distintas formas, en primera persona, o en tercera. Yo soy defensora de la primera persona. Y tengo una gran ventaja: a mis 75 años, puedo contar de todas las edades de la vida.

Hijos que no leen

2. Cuando voy a dar cursos al interior, y la gente se me acerca para me decirme que sus hijos no leen, yo no les digo nada. Después me pregunto porqué mis hijos leen… Yo me acuerdo que en mi casa, mi marido se la pasaba leyendo, y mi madre- que era una autodidacta porque había hecho hasta segundo grado nada más- también, entonces se hablaba constantemente de literatura. O sea, no podés mandar a leer a un chico si vos estás mirando televisión.

Niños críticos

3. El crítico más grande es el chico, porque cuando no le gusta, se levanta y se va. En cambio el grande, le guste o no le guste, se queda. Igual uno nota cuando el público en realidad no está.

No a la moraleja

4. Yo soy enemiga de los cuentos con moraleja. Si en el cuento está la moraleja, no tenés que andar diciéndola, parece para estúpidos. Si se dice la moraleja no tiene sentido el cuento.

Leer para narrar

5. El que quiere empezar a narrar, lo primero que tiene que hacer es leer, leer y leer. Si no tenés un antecedente de lectura, es muy difícil; poca gente es la que puede empezar a leer a los 50 años. Yo he leído cuentos a montones, tengo como 500 cuentos en la cabeza. Después hay que aprender a adaptar el cuento, no entusiasmarse con la literatura del escritor, sino limpiarlo, y contarle a la gente lo que quiso contar el escritor pero con nuestras palabras.

En cada cuento una historia

6. Cada cuento por lo general, tiene una historia de porqué se lo cuenta. Yo cierro mi espectáculo con uno de Ray Bradbury, que no es de ciencia ficción sino una historia que a mi marido lo enloquecía. Siempre me pedía que lo contase y, para que se quedara contento, yo lo relataba. Ahora que él murió, siempre los homenajes son póstumos, lo cuento al final, y cuando termino siempre digo: “Estés donde estés, te lo dedico mi Amor”.

Saki y Cia

7. Saki me encanta, hacía unos cuentos aniquilando a la sociedad inglesa, muy sutil, muy irónico, yo cuento cuentos de él. Está el cuento La ventana abierta que es maravilloso. Y después hay otro que se llama Té, que es una crítica brutal a la hora del té de Inglaterra. También cuento mucho de García Márquez (soy muy fanática de él), de Galeano, de Benedetti. Maupassant, antes de volverse loco del todo, escribía muy buenos cuentos, con presentación de personaje, conflicto, clímax y desenlace. Enrique Anderson Imbert, que acaba de morir, hacía unos cuentos de miniatura bellísimos. Wimpi también hacía cuentos hermosos. Teniendo todos esos autores extraordinarios, no me voy a poner a contar cuentos míos. Es más: mío ya no tengo nada, los tiré.

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De Santis, Pablo

Pablo De Santis
Pablo De Santis

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi el miércoles 7 de marzo de 2007.

Mano a mano

1. Antes escribía sólo en cuadernos Gloria, ahora en cualquiera. Cuando no existían las computadoras uno iba pensando y armando las cosas antes de sentarse a escribir; ahora eso casi no se hace, no hay necesidad, uno va pensando mientras escribe. Igual, yo sigo escribiendo a mano, hago un esquema previo, y así más o menos sé a donde voy. Hay cambios, pero sé a donde va a terminar.

Grandes y chicos

2. Para mí no hay mucha diferencia entre los cuentos de adultos y los infantiles, no los pienso tan distintos en cuento al lenguaje y al idioma. Si en cuanto al mundo imaginario. Me parece que hay una especia de forma libro infantil, prescindiendo de los chicos. Si uno toma Peter Pan, El mago de Oz, Alicia en el país de las maravillas, me parece que es un género marcado por elementos muy imaginativos y una especie de falta de represión en la escritura. Es una escritura absolutamente libre que lleva a que a veces en esos libros haya cosas realmente inquietantes. Cuando uno escribe para chicos, en general sucede eso; se empieza a escribir algo que es a veces más extraño que lo que uno escribe para adultos, ya metido dentro de tradiciones, dentro de gustos literarios. Cuando escribo para chicos, siento que no sé para donde voy.

María Elena Walsh

3. De chico me leían bastantes cuentos. Soy de una generación en la cual María Elena Walsh tenía una influencia absoluta. Ya se consideraba la literatura infantil como algo con presencia propia.

Literatura en la escuela

4. Antes lo que hacía estragos en las escuelas era la idea de la “historia de la literatura”. La literatura no existía, sino que existían los movimientos y se olvidaba que había algo real dentro de todo eso. Todas esas cosas son como invenciones, cosas abstractas. Lo único real son los textos.

Cuentos cortos de lectura difícil

5. A veces no sé hasta qué punto los cuentos cortos son de lectura fácil, porque presuponen una experiencia de lectura. En muchas ocasiones dan por sentado elementos de un género, como si le exigiera al lector algún tipo de experiencia previa. En general, tienen principio, medio y fin, pero muchas veces ni siquiera tienen un principio porque ya se sabe un poco cómo empieza. Lo que importa es sobre todo el final; el cuento corto tiene un final que toma todo, es todo final.

El graffiti

6. Me preocupa esta idea del graffiti en los programas de educación, de que todo vale en la cultura. Un cuento de Borges, el graffiti, todo es más o menos lo mismo porque está mal poner algún tipo de jerarquía, es “antidemocrático”. Pero no es lo mismo una gran novela que una nota periodística cualquiera. No es lo mismo.

Regalar un libro

7. A mis hijos más grandes siempre les regalaba libros de historieta, sobre todo cuando me iba de viaje les traía esos que acá no se conseguían. También les he regalado muchas veces libros de Juan Sasturain. Me gusta mucho, sobre todo, La lucha continúa. Otro autor que es interesante para los adolescentes es Paul Auster; son libros que tienen la profundidad pero también el entretenimiento.

El cuento como noticia

8. A mí me gustan mucho los libros de Thomas Bernard, hay una que se llama El imitador de voces. Son cuentos cortos, muchos disparatados, que a veces parecen casi noticias de diario. Con lo cual el cuento corto siempre tuvo algo de la noticia. Por ejemplo, Infernaliana, un libro de Charles Nodier, uno de los primeros libros de cuentos cortos, eran una colección de noticias sobre fantasmas y vampiros. Pretendían ser una colección de noticias reales.

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