Apo, Dora

Dora Apo
Dora Apo

Extractos de una entrevista realizada por Juan José Panno, María Vicens y Belén Andreozzi, el miércoles 28 de marzo de 2007.

Cuentos propios

1. Los cuenta cuentos no aprendemos de memoria, sino que adaptamos los textos. Le sacamos toda la parte literaria porque para contar no necesitamos, o mejor dicho, no podemos contarlo con las palabras del escritor. Lo que hacemos es relatar cuentos tradicionales- con presentación de personajes, argumento, conflicto, clima y desenlace- y contarlos en distintas formas, en primera persona, o en tercera. Yo soy defensora de la primera persona. Y tengo una gran ventaja: a mis 75 años, puedo contar de todas las edades de la vida.

Hijos que no leen

2. Cuando voy a dar cursos al interior, y la gente se me acerca para me decirme que sus hijos no leen, yo no les digo nada. Después me pregunto porqué mis hijos leen… Yo me acuerdo que en mi casa, mi marido se la pasaba leyendo, y mi madre- que era una autodidacta porque había hecho hasta segundo grado nada más- también, entonces se hablaba constantemente de literatura. O sea, no podés mandar a leer a un chico si vos estás mirando televisión.

Niños críticos

3. El crítico más grande es el chico, porque cuando no le gusta, se levanta y se va. En cambio el grande, le guste o no le guste, se queda. Igual uno nota cuando el público en realidad no está.

No a la moraleja

4. Yo soy enemiga de los cuentos con moraleja. Si en el cuento está la moraleja, no tenés que andar diciéndola, parece para estúpidos. Si se dice la moraleja no tiene sentido el cuento.

Leer para narrar

5. El que quiere empezar a narrar, lo primero que tiene que hacer es leer, leer y leer. Si no tenés un antecedente de lectura, es muy difícil; poca gente es la que puede empezar a leer a los 50 años. Yo he leído cuentos a montones, tengo como 500 cuentos en la cabeza. Después hay que aprender a adaptar el cuento, no entusiasmarse con la literatura del escritor, sino limpiarlo, y contarle a la gente lo que quiso contar el escritor pero con nuestras palabras.

En cada cuento una historia

6. Cada cuento por lo general, tiene una historia de porqué se lo cuenta. Yo cierro mi espectáculo con uno de Ray Bradbury, que no es de ciencia ficción sino una historia que a mi marido lo enloquecía. Siempre me pedía que lo contase y, para que se quedara contento, yo lo relataba. Ahora que él murió, siempre los homenajes son póstumos, lo cuento al final, y cuando termino siempre digo: “Estés donde estés, te lo dedico mi Amor”.

Saki y Cia

7. Saki me encanta, hacía unos cuentos aniquilando a la sociedad inglesa, muy sutil, muy irónico, yo cuento cuentos de él. Está el cuento La ventana abierta que es maravilloso. Y después hay otro que se llama Té, que es una crítica brutal a la hora del té de Inglaterra. También cuento mucho de García Márquez (soy muy fanática de él), de Galeano, de Benedetti. Maupassant, antes de volverse loco del todo, escribía muy buenos cuentos, con presentación de personaje, conflicto, clímax y desenlace. Enrique Anderson Imbert, que acaba de morir, hacía unos cuentos de miniatura bellísimos. Wimpi también hacía cuentos hermosos. Teniendo todos esos autores extraordinarios, no me voy a poner a contar cuentos míos. Es más: mío ya no tengo nada, los tiré.

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