Martina está inquieta

Camila Cecilia Contigiani

Tres compañeritas rodean a Mauricio. Su atención la había tenido, a ella, como el centro: compartir el recreo, esperar a que termine de copiar la tarea, acompañarla hasta que su mamá llegue.
Otras niñas intercambian papeles con Mauricio. Sin ignorarla, no la atiende: ¿jugaremos nuevamente a la pelota? ¿vendrá a mi cumpleaños? ¿vio el dibujo que escondí en su mochila?
Mauricio no percibe las preguntas que la enredan por dentro.
Sus nuevas cómplices lo asisten para lograr un dibujo especial. Ellas no saben para quién es.
Martina no sabe que Mauricio no sabe dibujar corazones.

La girasola

Camila Cecilia Contigiani

La acompañaban extraños olores. Los cambios por venir azotaban más que los ya vividos. Su cuerpo, lentamente, reconocía la languidez, inevitable, cíclica. Pero los dolores sorprendían la corteza de su tallo. No estaba listo, aún, para afrontar la indeseada rigidez, más a destiempo que prematura.
La acompañaban extraños colores. El ámbar golpeó sus pétalos, que abrieron en plena lluvia. Miraban hacia abajo. La densa y viscosa lágrima de savia fluía, invitando al espectáculo más cínico y delicado. Las hojas temen emerger. Una flor, se derrama.
Los girasoles florecen al acabar el verano. La girasola, no.