5ta Jornada Ferial de Microficción

Por quinto año consecutivo, el 9 de mayo se realizará en Buenos Aires la Jornada Ferial de Microficción, coordinada por el escritor Raúl Brasca.

Como en las ediciones anteriores, este año leerán los microficcionistas más destacados del país y los jóvenes más brillantes.

También se revelarán los ganadores y se darán a conocer las piezas finalistas del concurso que la Fundación El Libro convocará en Twitter.

Habrá proyecciones de microficciones fílmicas escogidas por Federico Spoliansky, y de un corto del equipo de la página web Cuentos y más, en el que los fans del género revelan sus preferencias.

Esta vez el invitado extranjero será Miguel Gomes, reconocido microficcionista venezolano cuyo primer volumen, Visión memorable (1987), ya es un clásico.

Serán festivas tres horas y media, de 17:30 a 21:00 hs, en el predio de La Rural, Avda. Santa Fe 4201.

¡Hay equipo!: Los más votados para integrar la selección

Segunda entrega de la encuesta. Con el objetivo de promover el género breve les pedimos a los mismos escritores que eligieran a 11 autores para armar un seleccionado mundial de microficcionistas. A continuación el “Top eleven”, junto a una brevísima muestra de sus brillantes creaciones:

Ana María Shua
(argentina)
“¡Huyamos! Los cazadores de letras est-n aq–”

Luisa Valenzuela (argentina)
Desaparecido: “Se fue sin decir adiós y nunca más lo vimos. Se fue sin cerrar la puerta. La cerraron los otros de la primera patada”.

Raúl Brasca (argentino)
Cadáver: “Me senté en el umbral de mi puerta a esperar que pasara el cadáver de mi enemigo. Pasó y me dijo “hasta mañana”. Con tal de no dejarme en paz, sigue penando entre los vivos”.

Augusto Monterroso (mexicano)
El dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Juan José Arreola (mexicano)
Cuento de horror: “La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones”.

Jorge Luis Borges (argentino)
El adivino: “En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado…”

Julio Cortázar (argentino)
Amor: “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son”.

Marco Denevi (argentino)
Helena y Melenao: “Helena jamás volverá junto a Menelao. Un marido que para vengar su honor complica a tanta gente y a tantos dioses demuestra que tiene más amor propio que amor”.

David Lagmanovich (argentino)
Mensaje a la madre: “No quiero verte como eres, sino como te veía cuando lo eras todo para mí”.

Orlando Romano (argentino)
Guerra total: “Mutilaban a las mujeres más hermosas de sus enemigos para que no les aventajasen en el arte de la poesía”.

Juan Romagnoli (argentino)
“Tras la operación facial, vuelve a preguntar quién es la más bella. El espejo no responde desde que dejó de creer en los cuentos de hadas”.

“Las gemas del falsario”, de Raúl Brasca

Hoy, a las 19:30hs, Raúl Brasca presentará en España el libro “Las gemas del falsario”, de la editorial Cuadernos del Vigía.

El encuentro se llevará a cabo en Casa de América (Plaza de Cibeles, 2. 28014, Madrid), y contará con la participación de Miguel Ángel Arcas, Jesús Marchamalo y Clara Obligado.

Disconforme

Raúl Brasca

Lo tenía todo, un trabajo agradable y bien remunerado, salud, buen porte. Las mujeres morían por él. Sin embargo, nunca estaba del todo conforme y se quejaba ante sus compañeros de copas de su mala fortuna. Cuando se encontró la lámpara creyó que por fin iba a tener lo que ambicionaba. Le pidió al genio que le diera riqueza inagotable, fogosidad extrema y acostarse todas las noches con el cuerpo femenino más hermoso del mundo: los ojos de Lucía, los pechos de Carmen, las nalgas de Paca y las piernas largas y torneadas de Josefa. Primero murió su tío, que le dejó una fortuna imposible de calcular. Luego comenzó a sentir un tremendo vigor sexual que le exigía prodigarse. Más tarde vio como se le abultaban el pecho y las nalgas, se le alargaban las piernas y se embellecían sus ojos. Vio la expresión lasciva en las caras de sus compañeros de copas. Y él, tan fogoso…

Las gemas del falsario. Cuadernos del vigía, 2012.

Incomprensión

Raúl Brasca

He demostrado la existencia del alma. Sé que el alma existe porque tengo conciencia de que estoy muerto. Pero ellos no me creen, aferrados a la ilusoria materialidad de nuestros cuerpos, parodian la vida que alguna vez tuvieron. Y me abofetean, me pellizcan, y se ríen en mi cara porque no muestro dolor. Hace ya demasiado tiempo que no “muere” nadie aquí, pero se esmeran en ignorarlo.

Las gemas del falsario. Cuadernos del vigía, 2012.

Decálogo del buen microficcionista

Raúl Brasca

Brasca, Raúl

1) No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aun domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.
2) Dispones sólo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes lograr que ambos sean igualmente significativos.
3) Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al lector tan inteligente como tú.
4) Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema, la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.
5) Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de sustancia, tu microficción será una pieza menor que decepcionará a los buenos lectores.
6) Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el lector, pero tú última línea debe habilitarlo para que lo haga.
7) Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen. Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.
8) Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste. El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que el de las que no lo son.
9) Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.
10) Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los escribieron.

Fuente: Revista “El cuento en red“, Nº 25, primavera 2012.

¿Es la microficción una modalidad narrativa?

Brasca, Raúl. ¿Es la microficción una modalidad narrativa?. Suplemento Ñ, Dario Clarín.

Una discusión que perdura desde que se comenzó a estudiar sistemáticamente la microficción es su presunto carácter narrativo. Las razones del desacuerdo son sobre todo históricas, pero no excluyen el malentendido. La confusión viene de lejos, de cuando la revista mexicana El Cuento (que durante tantos años dirigió Edmundo Valadés), llamó a esas breves composiciones que aparecían en pequeños cuadros diseminados entre sus páginas, “cuentos brevísimos”. Indudablemente la palabra “cuento” remite a un texto narrativo. Más aún: el mismo Valadés, puesto a definir esas brevedades las encuadró exclusivamente dentro de la narrativa. Él, como algunos antólogos que vinimos después, debe de haber juzgado las miniaturas textuales no narrativas que publicaba en El Cuento como “excepciones” a la norma. Sin embargo, las excepciones solían ser muy recordables. Recuerdo dos escritores prestigiosos quienes, cuando les hablé del “cuento brevísimo”, lo relacionaron inmediatamente con la siguiente pieza de Salvador Elizondo: “La mariposa es un animal instantáneo inventado por los chinos” * ( El Cuento nº 44, pág. 642, 1970) que, evidentemente, no es narrativa. Pero nada impedía en esa época que piezas como esta fueran consideradas excepciones o licencias del compilador: eran muy inferiores en número a las narrativas y aparentemente — sólo aparentemente—, no eran necesarias en el conjunto.

Pero ¿qué sucede cuando la proporción de “excepciones” crece sin tregua? ¿hasta qué punto pueden seguir considerándose excepciones? Si se diseña una canasta para contener exclusivamente objetos de determinada naturaleza y luego se verifica que de su conjunto solamente unos pocos se ajustan de manera estricta a la naturaleza supuesta, surgen sólo dos actitudes posibles: o bien se dejan afuera más objetos que los que entran, o se cambia el diseño de la canasta. Lo primero supone que es antes la canasta que los objetos. Lo segundo que primero son los objetos y luego la canasta. Dado que la canasta fue diseñada para contener los objetos, creo que no cabe duda de que la segunda es la actitud correcta. La analogía es obvia: los objetos son los textos y la canasta la definición genérica.

Se me dirá que, sin objetar lo que acabo de decir, todo depende de la muestra de textos que se elija y que esa muestra es por fuerza subjetiva. Respondo que, efectivamente, todo depende de la muestra pero que ésta no es tan subjetiva como pareciera a primera vista. Hay condiciones y circunstancias insoslayables al momento de elegir la muestra. Ningún criterio podrá sensatamente desestimar la exigencia de que los textos elegidos se lean como microficciones, o el hecho de que hayan sido escritos como microficciones, o que se hayan publicado junto a otros textos que se aceptan normalmente como microficciones. Habría que empezar, entonces, por determinar qué quieren decir los lectores cuando dicen leer microficción, qué escriben los autores cuando dicen escribir microficción, y qué incluyen (y también qué excluyen) los antólogos cuando dicen compilar microficciones. No puedo brindar un trabajo exhaustivo y documentado para responder taxativamente a estas preguntas, pero me arriesgo a dar algunas respuestas:

• El lector espera recibir de las microficciones un cierto tipo de satisfacción estética sin importarle demasiado si la obtiene por medio de un texto narrativo o no. La percepción de este tipo de satisfacción estética posiblemente se haya desarrollado en él a partir de brevedades narrativas, pero eso es, en todo caso, un dato histórico y no una condena. Es muy complejo agotar los componentes que contribuyen a esta satisfacción pero entre ellos estaría una escritura que maximiza la relación entre la capacidad del texto para impactar sobre el intelecto y/o la sensibilidad del lector y los medios utilizados para ello, sumada siempre al hecho de constituir, el texto en sí mismo, una desembozada demostración de esa capacidad. Por eso las microficciones, de cualquier tipo que sean, tienen algo de conclusivo y de inapelable, aunque a veces sólo sea la afirmación final (triunfal) de su propia potencia. Esto no significa que una reflexión posterior al momento de lectura no pueda relativizar sus procedimientos y contenidos sino que, si una microficción resultó conclusiva e inapelable cuando se la terminó de leer, el propósito está cumplido. Huelga señalar que piezas no narrativas son perfectamente capaces de generar la satisfacción indicada.

• Los autores de microficciones, en general, escriben indistintamente piezas narrativas, no narrativas y todas las combinaciones intermedias. No hacen diferencias ni cuando las escriben, ni cuando las agrupan para publicarlas.

• Los antólogos suelen ser aún más audaces que los autores. Las autodenominadas antologías de microficción, salvo casos muy específicos, no solo no restringen la entrada a los textos debido a su carácter narrativo o no, sino que, muy frecuentemente, incluyen poemas que pueden ser leídos como microficciones, es decir, que pueden ofrecer el mismo tipo de satisfacción estética.

Considero que, hoy por hoy, el concepto de microficción que, consciente o inconscientemente, tienen sus lectores habituales, es el de una homogénea heterogeneidad, valga el oxímoron. Homogénea por la clase de satisfacción que brinda, y heterogénea por la variada naturaleza de los textos que agrupa.

* Es un fragmento del cuento de Salvador Elizondo, “La mariposa” ( El retrato de Zoe y otras mentiras , 1969) Ignoro si el recorte fue hecho por el mismo autor, por Valadés o por alguien cercano a la revista.

El mundo proyectado

Brasca, Raúl

Acusado de pertenecer a un grupo conspirador lo buscaron en su confortable casa de playa y lo detuvieron. Fue encarcelado aunque se le concedió una celda con ventana. Por la ventana miraba el paisaje: hoy un bosque, mañana un río, después un valle y sus montañas. Hasta que los conspiradores triunfaron. Entonces, vio borrarse los muros de la cárcel y, luego de un destello blanco que lo encegueció, se encontró en un enorme y desnudo recinto. Hundidos en la penumbra, igualmente distanciados entre sí, había otros como él. Parecían equilibristas aterrados: se les había desvanecido el mundo y no se atrevían a dar un paso. Algunos tanteaban el piso con las manos como si comprobaran la consistencia de ese ignorado sustrato de la realidad. Pero el terror duró sólo unos instantes: sin que él se moviera del lugar, un nuevo relámpago de luz blanquísima volvió a instalarlo en su confortable casa de playa.

Cuadernos del CILHA

Cuadernos del CILHA, vol. 11, núm. 13, 2010, Universidad Nacional de Cuyo, Argentina.

Colombo, Stella Maris. Introducción.

Pollastri, Laura. Los desafueros del coleccionista: microrrelato, antología y compilación.

Brasca, Raúl. La elocuencia del silencio. Sobre el final de las microficciones.

Barrera Linares, Luis. La narración mínima como estrategia pedagógica máxima.

Lagmanovich, David. Bibliografía de la crítica argentina sobre microficción.