Nunca más

Lito Ecram

Golpes de estado, dictaduras militares, represiones, persecuciones, censuras, extorsiones, exilios, grupos de tareas, zonas liberadas, vehículos sin chapas patentes, saqueos, botines de guerra, tabicamientos, secuestros, centros clandestinos de detención, torturas, violaciones, nacimientos en cautiverio, adopciones ilegales de niños, traslados, asesinatos, desaparecidos…

La carretilla blanca

Martínez, María Mercedes

Señalaban la casa. Parecían indecisos. Entraron. Buscaban algo, preguntaron a los mayores.

Que no, que ella desde hacía algunos años ya no vivía allí. En el Sur, ahora. Que no, que no había dejado ninguna pertenencia en la casa…

Libros desparramados, caídos, pisoteados por borceguíes.

El abuelo se puso a regar las petunias de la carretilla. Una vieja y herrumbrada que un día trajo mi tía, con intención de pintarla y convertirla rápidamente en hermoso y original macetero blanco. Habían florecido varias.

Un día sacó estos libros. Estaban bajo las petunias.

Mi hija Martina

Mancilla, Eduardo


En homenaje a Nelly Galasso, Madre de Plaza 25 de Mayo de Rosario.

Con Martina discutimos, peleamos, acordamos, nos amamos. Lo que se dice una buena relación padre e hija. A ella le expliqué lo que pasó, lo que viví, lo que quisimos y no pudo ser. Ella lo entendió y se conmovió con tantas muertes jóvenes. Lo entendió tan bien que a los 17 años creó y dirigió una obra de Teatro por la Identidad en la escuela Gurruchaga (Rosario). Ahora estudia, milita y se siente parte de esa sangre derramada por carniceros. Se siente, y lo es, un brote del árbol que creyeron seco. Siento que cumplí una misión, una acción responsable de la cual siento orgullo. Como si fuera una venganza de la vida contra los que quisieron ponernos de rodillas, hoy, 24 de Marzo, ella cumple 20 años y viajó a Buenos Aires a marchar con las Madres.

¿Cómo será ser argentina?

Salguero, María Aurora

El ulular de sirenas interrumpían la tranquilidad de la calle, pesumbrosa y taciturna Juana Romero caminaba hacia su casa. Ante tal alboroto no llegaba a comprender el motivo. Su poca educación, sus pies cansados de tanto trabajar en la casa de los Furgenson le quitaban las ganas de saber. A lo lejos la figura diminuta de sus changos se agrandaban a medida que apuraba un poco el paso. Después de un rato llegó al pueblerío y allí siguió sin comprender la algarabía de su familia y compadres. Es que de lejos un grupo de argentinos los visitaban por “el Día de La Identidad”. La pobre Juana sin articular palabra pidió una silla y después de escuchar los relatos pasó la mano por su frente marchita y alisando su larga cabellera desteñida por los años se dijo a sí misma: -ahora sí- entendí soy aborigen y en estas tierras que poblaron mis ancestros, aún no me dejan ser igual ¿cómo será ser argentina? se preguntó moviendo la cabeza.

Soñar

Secco, Rodolfo

Es un sueño no muy original… Está mamá y está papá. Y está mi abuela con un bebé en brazos que soy yo. Es la noche en que los chupan, de eso estoy seguro. Yo miro a mis viejos pero ellos no me miran. Si llegaran a irrumpir los milicos nos podríamos tirar todos por el balcón y yo, en el sueño, sé que no nos moriríamos. Que a pesar de ser un séptimo piso zafaríamos y nos iríamos corriendo hasta el presente. Pero en el sueño nunca pasa eso. Mi abuela pega dos o tres gritos. Después nuevamente la calma. Salgo del armario, acaricio al bebé y mi abuela me dice: “Ya pasó, Julián”.

Julián

Secco, Rodolfo

Siete meses y basta de ser hijo, los cambios que pueden producirse en la vida de una persona, aunque lo cierto es que para ser hijo, insisto, es muy poco y sobre todo por las formas que rodearon lo ocurrido. Por suerte, durante las noches revisaste cartas, hojas amarillas, diarios y la historia comenzó a reconstruirse. Seguro que son la extensión de tu escritura y sumado a ello, una información genética que da cuenta de padres maravillosos, de allí que el producto sea el poseedor de tantas virtudes, fundamentalmente tu ternura, honestidad y el compromiso con todo lo que hacés.

Claro que hay que embalsamar caricias, no podés desprenderte con facilidad de la tristeza que implican siete meses de hijo y NUNCA MÁS.

Desaparecidos, aparecidos

Secco, Rodolfo

Parece ser, que es una verdadera expresión de deseos aparecer en “ese” momento, tan oportuno en que se va lo que uno tanto quiere, sin saber si para irnos juntos o para salvar a quien se está por ir, deteniendo simplemente los relojes y de esa forma salvarnos todos. Lo cierto es que de una u otra forma siempre lo que desaparece aparece, y es bienvenido claro, es la manera más adecuada de reconstruir la historia, sin perder jamás aquella esperanza insobornable de Walsh y haber embalsamado a tiempo caricias de poco tiempo para utilizar de por vida.

Desaparecido

Secco, Rodolfo

Puede uno quedarse tranquilo que en pocas palabras Carlos Aiub nos enseña a cuidar un jardín, teniendo siempre presente que el yuyal avanza si bajamos los brazos…, seguramente estos “hijos” algún día le enseñarán a los suyos a cuidar no solo jardines de esta manera, sino también sus vidas. Lo cierto es que de una u otra forma, los que desaparecen, aparecen y según mi hija siempre se parecen, “…a menudo los hijos se nos parecen…”, dice otro poeta. Con seguridad que esa emoción-orgullo que tuvieron Juan y su hermano la noche del viernes, desde algún lugar, fue disfrutada por sus viejos.

Fierro

Gotthelf, Eduardo

– Martín se puso a cantar –trajo la novedad.

– ¡Por fin aflojó! –dijo, con satisfacción, el milico. Y ordenó: –Indio, sentalo en la silla y desconectá el fierro.

Principio de Incertidumbres.

Cacería

Savoia, Liliana Mabel

Las botas relucen al costado de las vías. Desde el negro cuero el poder se filtra, contrastando con el miedo de los ojos de Estela. Corre para refugiarse en la estación de Adrogué. Pretende pasar desapercibida entre la multitud.

Oye las botas repiquetear detrás de ella. Su cerebro está tan acelerado como su corazón. Todo depende de instantes. Si pudiera alcanzar el próximo vagón se desprendería de ellas.

El cazador no da respiro a su presa. El tren ya está en el andén. Unos pasos más y todo termina. Pero las botas apuran el andar y unos brazos verdes se extienden para alcanzarla.

Estela no opone resistencia, sabe que es inútil. Agradece haber tenido tiempo de dejar a su pequeño hijo en casa de sus padres.